poemas de amor Crazzy Writer's notebook: la
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2/8/13

The Girl [Dulce despertar, part 16]

Amanecí lentamente sintiendo la calidez de su cuerpo sobre el mio. La luz se filtraba con delicadeza a través de las minúsculas rendijas que quedaban entre las lamas de la persiana. Un ligero cosquilleo se apreciaba sobre mi cuello de forma rítmica producido por su respiración, tranquila y calmada. Aquella sensación logró erizar cada palmo de mi piel, pero era muy agradable. Elisa me mantenía preso abrazándome cariñosamente con todo su cuerpo que se marcaba con sutilidad sobre el perfil del mio. Una curvatura comprensiva apareció en mi rostro cuando recordé mi sensación al despertarme aquella veraniega mañana en las camas del circuito, envuelto en aquella soledad y en la incertidumbre de si aquella noche había sido real o una ficción muy lograda de mi mente. Volteé con suavidad la cabeza, no quería que se despertara. Estaba preciosa, durmiendo con aquel rostro de inocencia y apacibilidad llenándole el rostro. Pasé el dorso de mi mano por su pómulo sintiendo aquel tacto suave y cómo se estremecía a su paso, viendo cómo se curvaban sus labios ante aquella caricia. Me quedé en silencio velando su sueño. Disfrutando de su compañía. Escuchando los sonidos que comenzaban a envolvernos al otro lado de las paredes del edificio.
Estaba sumido en un mar de pensamientos, lejos de aquella habitación, trazando algún plan con el que sorprenderla una vez más, ayer el paseo salió mucho mejor de lo que en un principio había pensado pero hoy no sabía que hacer. Entonces un pequeño roce sobre mi nariz me sacó de aquellas ideas.
-Buenos días, Arturo.- Dijo el susurro al otro lado. –¿Has dormido bien? Porque yo… sí-. Sonrió desperezándose con lentitud, deshaciendo cada nudo que había atado sobre mi cuerpo.
-He dormido apresado-. Esbocé una sonrisa malvada. –Pero no importa porque la carcelera ha sido muy agradable conmigo, y por ese motivo la voy a preguntar lo que quiere para desayunar. Y si quiere hacerlo en la cama-. Mantuve el contacto visual con aquellos ojos morrones caramelo guardando en silenció a la espera de que ella terminase de estirarse.

-¡Oh!, qué detalle… pero quién es, quién osó a mantenerte preso en esta cálida noche-. Preguntó con curiosidad. No pude evitar ampliar mi sonrisa ante su despliegue de curiosa inocencia.
-¿Qué te apetece desayunar?-. Susurré con lentitud disfrutando cada palabra. –Y prefieres el desayuno en la cama, o en la cocina…-. Al terminar sus ojos se abrieron como platos, aunque no reprimió una sonrisa llena de picardía y algo de travesura.
Me levanté lentamente de la cama y puse dirección a la cocina, deteniendo mi caminar al llegar al vano de la puerta, dónde la dirigí otra mirada, deleitándome enormemente con aquella estampa. Elisa recostada, con el pelo alborotado y envuelta ligeramente entre las sabanas revueltas, iluminada fugazmente por aquellos intrusos rayos, y con una expresión de lo más atractiva.
-¿Me echas una mano en la cocina, Eli?-. Ella me devolvía la mirada sorprendía. Parecía que no daba crédito a mis palabras.
-Si. Si, encantada-. Se levantó de la cama y me abrazó con ternura. –Creí que lo decías en broma. Nunca me habían hecho el desayuno…- Sonrió. –Bueno, un chico nunca me ha hecho nunca un desayuno… porque mi madre solía hacérmelo cuando era más jovencita…- Su risa inundó la habitación. –Aunque antes… ¿podría darme una ducha rápida?-.
-Por supuesto- Hice un ademán de invitación con las manos señalando la dirección del baño. Relajando mis facciones en una ligera sonrisa.
-Eres un cielo-. Incrementó la presión de sus abrazos, sumiéndome en una cálida y agradable sensación. –Bueno voy a coger la ropa y a apresurarme para ayudarte con el desayuno-. Volvió a iluminarme con aquella sonrisa, antes de coger algo de ropa de su maleta y desaparecer por el pasillo. -¿Te gustaría acompañarme?- Entonces su risa reverberó por el pasillo, repleta de picara inocencia. Aquello me dejó un poco noqueado, ¿Iría en serio?
-Es una oferta muy tentadora pero me temo que tendré que… rechazar-. Respondí al pasillo vacío. Dejando escapar una pequeña carcajada. Aunque sin saber muy bien su motivo.
Miré a la habitación. No eran más de las diez, según el despertador pero la cama que no estaba demasiado deshecha reclamó mayor atención que los números del reloj. No tardé más de cinco minutos en arreglarla y recoger un poco el resto de la habitación. Me fui quitando el pijama y entonces me fijé en una ligera prueba que dejaba constancia de una larga noche de fuerte excitación, seguramente producida por algún sueño extraño que ahora mismo era incapaz de recordar. Sentí un rubor en mi cara. “Vaya… te lo has pasado bien, ¿eh?” sonó el eco en mi cabeza. Me cambié apresuradamente y no tardé en dejar la habitación para hundirme en los fogones. Aunque no cocinaba con frecuencia.
Empecé a preparar la base para las tortitas. No había terminado de coger los ingredientes de la cocina cuando una voz atravesó las paredes en tono de alarma y sorpresa.
-¡Oh, horror!- Aquella exclamación surgió del baño.
-Qué sucede, Elisa-. Dejé las cosas en la encimera y asomé la cabeza al pasillo.
-Con las prisas no me fijé en si había toalla. Y… no hay- Esbozó una risita.-Podrías acercarme una, por favor-.
Mi respuesta fue rauda, fui al tendedero y cogí un par de toallas, y me aproximé hasta la puerta del baño. Inspiré y abrí una rendija lo suficientemente grande como para pasar mi mano con ambas toallas. Escuche su risa al otro lado de la puerta. Entonces se abrió de forma repentina dejando ver la estancia y aquello que había dentro. Aquello me pilló demasiado a contrapié consiguiendo un color muy rosado en las mejillas.
-Oh, qué ricura-. Me acarició el pómulo percibiendo aquella calidez y el tacto de su húmeda piel. –¿Acaso soy la primera chica que ves… desnuda?-. Sonrió con unos matices picaros asomando discretamente.
-Eh… eh… esto… no-. Negué con la cabeza tratando de recomponerme de la sorpresa. –Pero es una situación… un poco… … violenta-. Retiré la mirada poco a poco. –Y más a traición-. Mostré una mueca picara, mirándola por encima de la montura de las gafas.
-Mensaje captado…-. Se cubrió con lentitud contoneando ligeramente las caderas.- La próxima vez lo haré más despacito. Recortó distancias y asomó la cabeza al pasillo, inspirando varias veces. – Oh… huele muy bien, me seco y voy a ayudarte en la cocina, ¿vale?-. Me dio un pequeño beso en la mejilla y cerró la puerta con cuidado.
Me quedé un momento parado frente a la puerta cerrada antes de recobrar el control y regresar a los fogones, no sin notar una ligera tirantez en el pantalón. “Primera chica o no…, no era algo que uno viese con frecuencia”. Aquel pensamiento me arrancó una sonrisa. Comencé a batir los huevos mientras iba mezclando cada ingrediente. Poco después la figura de Elisa de colaba sigilosa en la cocina.
-Tienen una pinta excelente-. Dijo mirando por encima de mi hombro como aquella masa amarilla iba cogiendo un tono dorado. -¿Sabes? Has marcado un pleno, con las tortitas. Me encantan. ¿Puedo ir haciendo algo?-. Su voz dejaba un matiz de deseo por empezar a maniobrar en la cocina.
-Puedes hacer un poco de zumo, si quieres. Hay naranjas en la nevera y el exprimidor esta en ese cajón-. Señale con el dedo un conjunto de cajones.
-Vale-. Dijo con alegría y se puso manos a la obra. Después de un agradable rato en la concina, llevamos todo a la mesa y disfrutamos de aquel enorme desayuno.
-Mmmmm, oh, qué bueno-. Su expresión de deleite era más que suficiente. –Eres un cocinero de primera… seguro que a mi madre le caes genial-. Al oír aquello último abrí los ojos como platos.
-Vaya, me alagas pero yo solo soy el cocinero de emergencia-. Reí quitándome el mérito. –Yo sólo cocina de subsistencia. Y cambiando de tema, ¿qué te apetecería hacer hoy?-. Las miradas se cruzaron y permanecieron un rato en silencio.
-Pues, no se. Podemos dar un paseo hasta la hora de comer, así me enseñas otra porción de ciudad. Y por la tarde podríamos ver una peli en casa… tumbados en el sillón. ¿Te parece?-. Continuó degustando aquella pequeña pila de tortitas bañadas en chocolate.
-Me parece genial, podríamos ir de tiendas-. Sus ojos se iluminaron. Una luz de grata sorpresa los tomáron lentamente.

-¿Y todavía sigues sin novia?-. Sonaba divertidamente incrédula. –No. Me niego en redondo. No puede ser. Espera…-.Aguardó pensativa unos segundos.-A no ser…-. Gesticulo con las manos para evitar decirlo. Y aquello me arrancó una gran carcajada.
-No, no, no soy gay-. La risa se había apoderado de mí, enteramente suyo, aquella reacción no me la esperaba, aunque no era la primera que lo pensaba. –Sé que soy raro… pero jo…-. Un reproche simpático adornaba aquella frase.
Las risas llenaron la cocina.     
-Bueno, como has podido observar… no soy mucho de seguir la moda… ni de compras-. Señaló su atuendo.-…pero bueno si te hace ilusión llevarme de tiendas… entonces vayamos de tiendas-. Acarició mi mano que reposaba en el centro de la mesa. Las miradas volvieron a cruzarse.
-Yo no he dicho que sean de ropa… ¿verdad?- Dije mirando por encima de las gafas. –Hay muchas tiendas y de muchas cosas… aunque bueno puede que visitemos alguna-. La regalé otra de mis enigmáticas sonrisas.- Pero antes… recojamos el banquete-. Besé el dorso de la mano y después empezamos a recoger.




5/5/13

The girl [En contacto , part 13]

Antes de llegar a la parada del trasbordo para llegar a la estación de buses, me había colocado los cascos y me había dejado inundar por aquellos compases orientales. Tres paradas más allá de fuente dorada, en plaza España. Bajé del autobús, tenía tiempo hasta que llegase el otro autobús asique me quedé mirando como aquel adorno central rotaba sobre sí mismo a gran velocidad. Cierto era que podría irme andando, la estación no quedaba lejos pero ya que existía la opción de hacer aquel trayecto, algo siniestro, gratis no iba a dejarlo pasar.
Recordaba a Arturo con ese pelo de tintes rojizos más corto, y con varias briznas de perilla estilo chivo en la barbilla. Era muy mono entonces pero ahora con el pelo algo más largo recogido en aquella coleta y esa nueva perilla bajo el labio… lo era más todavía. Y aquella mirada... seguía igual que cuando le vi por primera vez, sin duda fue lo que me impulsó hacia él, aquel matiz inocente que despunta con cada mirada.
El autobús estaba dando la vuelta asique dejé a aquella enorme bola del mundo dando vueltas y caminé lentamente hacia el poste de la parada. Una vez sentada en la parte de atrás del autobús me dedique a esperar escuchando mi música. Distraída miraba a los transeúntes cuando uno entre toda aquella gente me llamó la atención. Aquellos andares. Aquel peinado. La ropa elegante. Un escalofrio recorrio mi espalda al recordarlo. Pero antes de poder cerciorarme el bus arrancó en la dirección opuesta a la que él caminaba. Recorrimos lentamente las sinuosas calles de Valladolid hasta llegar a la estación. Descendí de aquel enorme bus gusano y me adentre en la dársena.
El sol había empezado a ocultarse al otro lado de los edificios y la temperatura caía con él. Aquella climatología acabaría conmigo, tan pronto te asfixiabas de calor como podías morir de frio. Dichosa ciudad. Las manos empezaban a entumecerse por aquel viento cortante que recorría la dársena de buses.
-{¿Cuánto más tardaría el bus?}- me preguntaba cada poco tiempo, aunque las canciones me ayudaban a contabilizar el tiempo. Sin querer, volví a pensar en Arturo. Estaba a mi lado, imaginé que me abrazaba en un intento por protegerme del viento. Casi pude sentir su mano sobre la mía.
-{Estaba loca de atar}- Sentí una curvatura en mis labios. Se ensanchaba lentamente. Y también me percate de un cálido rubor en mis mejillas. Me seguía preguntando por aquella sonrisa que esbozó antes de que el bus reanudase su marcha. – {Qué habría pensado, qué pretendía, que intenciones escondería tras aquella mirada inocentona}-. Entonces aquella mano imaginaria me instó a meter mis manos congeladas en los bolsillos de la cazadora.
Entonces, mi mano izquierda topó con una textura diferente al tacto habitual. Saqué aquel ente extraño de su escondite. Era una hoja doblada cuidadosamente con una precisión milimétrica. La desdoblé lentamente y comencé a leer las líneas que contenía con una letra diminuta pero legible.
 
“Ya te fugaste una vez sin dejar rastro alguno,
sólo aquellas sensaciones y recuerdos
propios de un fugaz y efímero sueño.
No cometeré dos veces el mismo error.
685 136 023.
Bss. Arturo.”
-{Arturo rodeado de aquel halo de misterio que te envolvía sin darte cuenta… pero cuándo…}- entonces aquella risita picarona cobró todo su sentido. No pude contener la risa que reverberó siniestra por toda la estación. Era increíble.
El autobús hizo su aparición a través de la reja de entrada y lentamente se fue encaminando al espacio que tenía reservado. Su velocidad decreció hasta dar con las ruedas en sus topes. La puerta se abrió y empezó a descender la poca gente que había en su interior. La escasa gente que había repartida por la estación se fue concentrando poco a poco alrededor de aquel autobús, a la espera de poder subir y guarecerse de aquel frio cortante. Yo seguía pensando en Arturo y en el hecho de que no lo vería al día siguiente, y probablemente en unos cuantos días. Aunque esta vez, al menos tenia su número de móvil.
Después de pagar el billete busqué un sitio oscuro en el cual poder concentrarme en mi música y algunos pensamientos arbitrarios durante el trayecto hasta mi casa. Me desplomé sin ganas en uno de los asientos de ventanilla y me abroché el cinturón.
El autobús comenzó a retroceder con aquel pitido agudo. Y entonces volví a verlo.. Estaba sentado en un banco, al otro lado de las puertas metálicas que separaban la zona de llegadas y salidas con la dársena de buses. -{¿Dimitri?}- Pero antes de poder cerciorarme bien, la posición del autobús imposibilito aquella respuesta. Partimos hacia la salida lentamente. Entonces volví a sentir el trocito de papel y anoté el número en la lista de contactos y entonces se me iluminaron los ojos.
-Esta vez no desapareceré-. Dije en un susurro para mi misma. Y de nuevo aquella sonrisa y ese palpito fuerte en mi pecho.

Empecé a tantear la pantalla del telefono, escuchando los "taks" que emitía con cada letra.   

24/4/13

The Girl [Fugaz, part 12]

Caminaba esquivando a la gente mientras mantenía la mirada fija en él. Su paso era demasiado rápido y me iba sacando distancia con cada paso que daba. Estaba saliendo del recinto, a punto de pasar por los arcos de seguridad, cuando yo todavía estaba cruzando el patio interior. Una parte de mi estaba enfadada conmigo misma, la otra desconcertada. Tanto tiempo pensando en él y cuando te habla cometes semejante patinazo, pensaba. Mis pasos eran cortos y rápidos. Cuando salí a la calle vi con horror como un coche partía velozmente. Su conductor hundió el pedal del acelerador logrando pasar el semáforo poco antes de la luz roja, desapareciendo tras la esquina de un edifico. Mi corazón se detuvo en aquel mismo instante. Los ojos se inundaron dejando escapar una pequeña lágrima.
 


Reanude mi paso en dirección a la parada de autobús. Ahora mismo no tenia ganas de nada y menos de salir. Todo aquello se esfumó como la vahada oscura del escape de aquel vehículo fugado. Ahora mismo era un conglomerado de sentimientos confrontados, quería llorar, reír, gritar, correr, hundirme en la negrura de aquel mundo a parte de mis recuerdos. Un sonido ronco y pesado pasó a mi lado destrozándome los oídos y los pensamientos. El autobús acababa de pasar a mi lado. Comencé a correr, aún estaba algo lejos de la parada y necesitaba llegar a casa cuanto antes. El conductor debió de verme por el retrovisor porque mantuvo las puertas abiertas hasta que logré alcanzarlo.
Mi respiración estaba entrecortada, no podía cubrir mi propia demanda de aire, el conductor me miró con una pequeña sonrisa. Desde luego la carrera fue intensa. Después de varios intentos logré picar mi tarjeta. Comencé a caminar tambaleante por el habitáculo, buscando un sitio apartado donde poder aislarme. No había dado tres pasos cuando me fijé en una sombra rojiza reflejada en el cristal. Estaba cabizbajo, con la mirada concentrada en un punto del suelo. Me acerqué a él con curiosidad. Muchas preguntas se me estrellaron de repente.
-{Ese chico… había estado jugando conmigo a ese juego de mesa.}- pensé – {Se parece tanto a él. ¿Cómo lo llamó la chica esa? No lo recuerdo. Pero Lidia dijo que era el que había tratado de hablarme antes de…}-.
-…era una posibilidad muy alta. Te has arriesgado mucho, era obvio que después de tanto tiempo tuviese novio. Debiste buscarla… tenias medios y conocimientos… pero por qué…- Murmuraba para sí concentrado en ese punto del suelo del bus.
-¿Arturo?- Pregunté aproximándome a él. Tenía la sensación de que fuese él pero no estaba segura. El chico cortó su monologo y levantó ligeramente la mirada. –Lo siento…-. Las palabras se me atrancaron en la garganta.
-No pasa nada, Elisa, era algo inevitable-. Su mirada seguía perdida.
-…esperándote… tanto tiempo…-. Estábamos frente a frente. -…tenía tantas ganas de verte.- Entonces levantó la mirada.
El bus frenó bruscamente. La inercia completó el recorrido restante hasta encontrarme con el tacto suave de sus labios. Aquellos dos monólogos inconexos dejaron de tener sentido. Fuimos engullidos por el silencio y la sorpresa. Eran tal y como los recordaba de aquel último beso antes de dormir aquella noche tan lejana. Entonces sentí como sus brazos envolvían mi espalda lentamente. Nos miramos en silencio un rato.
-En qué parada te bajas, Arturo- Continuaba abrazándome, como temiendo que me esfumase como el humo.
-En fuente dorada, ¿Tú a dónde vas?- su expresión irradiaba curiosidad.
-Yo me iba para la estación de buses para llegar a casa-. Su parada se aproximaba y no podía perderlo de nuevo.
-¿Eres de algún pueblo?-. Miró por la ventanilla para cerciorarse de dónde se encontraba.
-Vivo en Medina del campo.- Algo me decía que aquella pregunta no era tan inocente como aparentaba.
El autobús fue reduciendo la velocidad hasta detenerse en fuente dorada. Se acabó, ese fue el fin de nuestro fortuito encuentro.
-Está bien saberlo. Me despido, espero poder verte pronto. Elisa-. Me abrazó con fuerza y dejó un beso demasiado corto en mis labios antes de bajarse.

-Pero… pero…- tantas preguntas y un tiempo tan escaso. Pensé rápidamente en la pregunta que más información podría darme en el menor tiempo posible. -¿Te veré mañana?- dije antes de que las puertas se cerrasen de nuevo. Entonces vi como negaba con la cabeza. Y el matiz de su mirada corroboraba aquella afirmación. Pero antes de que el bus se volviese a poner en marcha puede reconocer aquella sonrisa traviesa con la que tantas veces había soñado.

:: Parte 13 ::

8/4/13

The girl [Empate, part 11]


La final pronto daría comienzo, solo faltaba uno de los competidores pero no tardaría en llegar. Todos los demás ya nos habíamos acomodado en nuestras respectivas sillas y ya teníamos en nuestro poder las fichas del juego. La chica que controlaría el juego miraba su reloj y a los alrededores en busca de aquel quinto jugador. El tiempo de prorroga estaba a punto de llegar a su término cuando hizo su aparición.
-Disculpad pero no os encontraba- Miró a la juez que buscaba en la lista. –Soy el tercer clasificado-.
-Ah, ya te veo, en ese caso que proceda el juego, ¿sabéis jugar todos?- barrió la mesa con la mirada. Nadie respondió por lo que se retiró unos pasos y señalo para que empezásemos a jugar.
El pulso se me aceleró cuando lo vi de soslayo. Trataba de estar concentrada en la partida pero era incapaz. No podía dejar de mirarle a hurtadillas, y cuanto más le miraba más nerviosa me ponía. Su pelo rojizo recogido en una pequeña coleta. Se parecía a él pero no estaba segura, había pasado mucho tiempo y temía volver a equivocarme. La partida se fue desarrollando lentamente. Sus ojos quedaban protegidos por unas finas gafas metálicas pero aun así quedaba bajo su magnetismo. Cada uno fuimos desplegando nuestras estrategias de juego y a cuatro fichas de terminar la partida la puntuación suya y la mía distaban en dos puntos manteniéndome yo en cabeza. Ambos compartíamos una macro ciudad que todavía estaba sin cerrar. Pendientes de una pieza. Volteó su pieza lentamente.
-Lástima-. Todos miramos la pieza que sostenía en las manos, yo en mi interior respiré aliviada porque no era la pieza que necesitaba.
Yo volteé la mía. Los ojos se me iluminaron al ver la muralla que podía cerrar la ciudadela. La coloqué junto con una de las fichas marcando el territorio y otorgándome la mayoría de piezas sobre ella. Entonces por primera vez nuestras miradas se enlazaron. Sus ojos marrones y los míos morados por las lentillas. Sentí el corazón desbocarse dentro de mi pecho. Aquellos ojos recordaban a los de aquel chico sentado al otro lado de la puerta en el circuito de Ciudad Real. ¿Sería él? Su sonrisa se curvó lentamente. La controladora se había aproximado a la mesa. Contaba los puntos con ayuda de otro de los jugadores.
-Bueno… Elisa, has ganado con un total de 97 puntos, enhorabuena. Aunque por los pelos porque Arturo se queda con 93. Tú, Alfredo tienes 89 y Juana… tú te has quedado en la cola con 88-. Fuimos recogiendo las piezas mientras se llevaba la cuenta.
Al mirar la hora me di cuenta de que aquella partida se había alargado más de lo que pretendía. Me levante rápidamente despidiéndome de mis contrincantes y comencé a caminar en dirección a la salida pero al poco de comenzar a andar algo detuvo mi avance suavemente.
-Unos ojos como los tuyos no son fáciles de olvidar. Y más aún cuando te retan en una cálida noche de verano-. Dijo una voz a mi espalda. El contacto de una mano sobre la mía. El corazón palpitaba desvocado.

Me volteé, presa de mis emociones, lanzandome a sus brazos. Busqué el tacto suave de aquellos labios. Aquel sabor tan dulce. Pero algo falló. De nuevo mi fantasia quebró en mil pedazos. Esos no eran sus labios. Abrí los ojos de forma repentina.

Fran tenía los ojos abiertos como platos. Me miraba sorprendido, estaba en sock. Su mano aún estaba en contacto con mi muñeca.

-{Otra vez no}-. Pensé para mi misma. -{Lo habia escuchado, era su voz, estaba completamente convencida}-.

-Lo siento Fran, creí... que eras... otra persona... una ilusión-. Dije conteniendo las lágrimas de mi propia decepción.


Parte 12

7/4/13

The girl [Salida en grupo, part 10]

[Marzo, ciudad vallisoletana]
El autobús se marchaba veloz tras dejar en el recinto ferial a todos aquellos pasajeros que al igual que yo venían un año más al salón del comic. A medida que caminaba me concienciaba de la longitud de la cola que se extendía desde la taquilla. Había quedado allí con unos amigos pero no era capaz de localizarles entre aquel cúmulo de gente.
-¡Eli, estamos aquí!- una mano se alzaba a no mucha distancia de donde me encontraba. Y como no podía ser de otra manera, ellos me habían visto antes que yo a ellos.
-¿Preparada?- Fran, con aquella pregunta despertó sobre mi persona un sentimiento de desconfianza que resultaba bastante gracioso por mi expresión. Llevaba esperando este evento más de un mes y no disimulaba en absoluto las ganas.
-Claro que si. Yo, al contrario que otros, nací preparada-. Entonces una sonrisa tomó mi rostro dejando al descubierto dos brillantes colmillos.
-Vaya, parecen auténticos. A mi cuello no te acerques, o te llevas un estacazo- Lidia retrocedía con una media sonrisa.
-Pero si te encanta tenerme encima de ti-. Unos tentadores morritos terminaron aquella intervención con Linda entre mis brazos. Fran y Alex nos miraban, y por la forma en la que se cruzaron sus miradas ya habían encontrado la punta a esa frase. -Chicos, son tan simples-. 
Habíamos quedado antes para coger buena posición en la cola pero parecía que estaban dispuestos a hacernos esperar un rato más. Mientras aguardábamos pacientes, matamos el tiempo hablando sobre los planes que haríamos esa noche.. En la calzada algunos coches se detenían brevemente para descargar algún pasajero, por lo general padres o madres pero de pronto del fondo de la calle surgió un deportivo rojo que fue quedándose con varias miradas a su paso. Se detuvo a pocos metros de donde estábamos. No podía creerlo, un GT-86, hasta hoy sólo sabía de él por algunas revistas. Aquella fisonomía agresiva y el color satinado, era una maravilla pero más allá de lo excepcional del coche no presté mayor atención. Hasta que la puerta se abrió y de su interior escapó aquella melodía caótica y rápida. Pero antes de poder reaccionar el coche había emprendido la marcha dejando patente la vigorosidad del motor que ocultaba. Aquella melodía almacenada en mi memoria. Cuántas veces la habría escuchado vagamente en mis sueños contemplando su imagen.

-Eli. Reacciona cariño, es bonito pero no es para tanto-. Linda pasaba la mano tratando de cortar el hilo imaginario que nos había unido. –Aunque puestos a elegir… yo me quedaría con el conductor-. Aquella frase quedó coronada por una tímida risita.
-¡Oye! Que estoy aquí. Podías disimular un poco-. La voz de Alex contestó en una mezcla de falso enfado mientras se lanzaba hacia Lidia que trataba de zafarse.
-Hombre, qué iba a hacer yo con ese. A ti no te cambiaba por nada, bueno… tal vez por un conejo.- Entonces aquella risita se volvió una carcajada general. Aunque yo seguía con aquel recuerdo en mi mente.
-Ey, que ya se abre- La ronca voz de Fran puso orden en aquel pequeño alboroto. Y funcionó porque recuperamos la compostura, al menos en apariencia. –Menuda caza vampiros estas hecha, Lidia, si no te separas de ellos-. Su pequeña sonrisa escondía la mofa más pura.
Tras pasar los controles entramos en el recinto. Los ojos se me hicieron chiribitas al dar una vista panorámica. Sentí como el monedero se encogía en mi bota. Empezamos a pasear entre las casetas. Había bastante gente y eso que solo era primera hora, y todavía faltaban todos aquellos que habían ido al desfile. El tiempo volaba a nuestro alrededor y la diversión estaba allí donde mirásemos pero yo, en un segundo plano de mi mente, seguía escuchando aquellas canciones alocadas. No llegaba a identificar dónde la escuche por primera vez pero si con quién estaba. Dudaba de mis propios sentidos, temía que sucediese lo mismo que ocurrió en aquel antro londinense pero sin final feliz. Pero aquella música… la vaga descripción de Lidia… ¿estaría allí? ¿Sería él? Claro que dar con él en esa enorme nave sería como encontrar una aguja en un pajar, autentica casualidad. Pero inconscientemente lo buscaba entre la gente.
El desfile a lo largo de la ciudad había concluido a eso de las doce y muchos empezaban a entrar en el recinto. Y los disfraces de muchos de ellos eran impresionantes. Aunque los más llamativos de todos eran unos cosplay de Los Vengadores, estaban geniales. Fran y Alex se apuntaron al torneo de “Street fighter” pero no salieron muy bien parados, por poco pero cayeron en semifinales. En cuanto a Lidia y a mi, optamos por batirnos en un duelo de baile en el que resulté derrotada por absoluta descoordinación pero fue bastante divertido.
-Ha sido divertido pero sigo prefiriendo en el coche, Lidia-. Sentía que me faltaba aire. Pero Lidia se reía, tenía más práctica en ese terreno.
-Uhhh, no sabia que te iba eso. ¿Quién es el afortunado?- Su mirada picarona me dio a entender que aquella frase, que me sonó mal según la dije, había sido interpretada de la forma que más temía. – ¿Tal vez el misterioso conductor de aquel deportivo?-
-Me refería a competir, malpensada, aunque bueno si tu novio no fuese tan celosillo y se nos quisiese acoplar…- Ambas rompimos a reír pero lo cierto era que llevaba meses soñando de vez en vez con Arturo pero no era el tema. –Yo me refería a la canción, era rapidísima-.
-La verdad es que sí. La canción era un poco rápida, pero bueno-. Me tomó de la mano y fuimos a buscar a los chicos que seguían con el juego. Había que animarles un poco. 
Antes de comer estuvimos jugando a varios juegos de mesa y logré clasificarme para uno de ellos. Tras acabar aquella batalla decidimos que era una buena hora para comer y esperar a lo que aquella tarde nos tuviese reservados.

Parte 11

4/4/13

The Girl [Accidente, part 9]

Desperté sobresaltado. Sentía como algunas estelas caían por mi frente. Estaba atrapado por sus brazos. Una noche más. Ya se había convertido en una costumbre. Y no lo soportaba. Traté de zafarme de aquella jaula con el mayor de los sigilos, y a priori funciono. Camine en medio de aquella noche tratando de recordar aquello que me había sacado del sueño pero sin resultado. Las caricias del frio se hacían más perceptibles en aquellas partes ahogadas por el sudor. Al pasar por delante del reloj me fije que sus agujas oscuras marcaban aproximadamente las cuatro de la mañana. Recorrí los últimos metros antes de llegar al baño y me encerré en la ducha.
El caer del agua ardiente alivió un poco aquella sensación. El agua fluía llevándose consigo aquellos rastros pegajosos. Vaciaba mi mente de aquellas ideas que no eran necesarias en aquel momento. Una noche de verano. Coche extranjero de blanco satinado. Figurita demoniaca danzarina. Metro. Compañeras de piso. Chicas misteriosas. Sentimientos extraviados…
Salí de la ducha envuelto en una improvisada túnica. Me dirigí a la cocina y allí miré por la ventana al deshabitado paraje nocturno de la ciudad. Solo los haces de las farolas sobre el pavimento mojado. Y si te fijabas bien, podías distinguir las gotas de agua que cruzaban por los halos anaranjados.
De pronto, una estela intermitente atravesó la calle a una velocidad de vértigo. Solo se escuchaba el motor tras de sí. El Samur, nunca descansa pendiente veinticuatro horas de cualquier emergencia que pueda surgir. Desmayos. Accidentes domésticos. Atracos. Colisiones…
Entonces se encendió una luz. Recordé fugazmente el sueño. Una colisión, una fuerte colisión en medio de una recta. Tres coches en la noche, implicados en un choque por alcance. Un coche naranja perseguía veloz a un segundo, un compacto de color rojo metalizado. Quería cogerlo a toda costa. Pero el perseguidor no se percató del coche blanco al que su presa perseguía a su vez. El blanco y el rojo jugaban entre ellos. Las distancias eran mínimas, y al frenar de forma repentina el primero de todos… se produjo. Pillándome a mí en medio de los otros dos vehículos. El peor parado de todos.   
-Pequeñín, ¿estás bien?- Unos brazos volvieron a apresarme enlazándose por la cintura. Me atrajeron hacia su cuerpo que se aplasto con el mio. La voz mostraba preocupación en su tono.
-No, estoy bien Alicia- Mi voz era un susurro. Miraba su reflejo en el cristal. Aquel rostro delicado. Su melena despeinada. Y aquella calle vacía.
-Volvamos a la cama- Aquella frase quedo reforzada por un pequeño beso en el cuello. Entonces otro flas se apoderó de mi.
-Voy a prepararme un vaso de cola cao. ¿Te apetece uno?-. No quería regresar. Me alejé de la ventana y camine hacia la nevera.
-No, gracias. No tardes, ¿vale?- Sus manos deshicieron el nudo y partieron dejando una estela de caricias en su marcha. Escuche sus pasos alearse a la habitación.
Me vestí con lo primero que vi. Me daba igual el qué o el color, simplemente deseaba estar en la calle. Me llamaba. Tome el casco que estaba en el sillón y las llaves. Ansiaba la calle a cualquier precio. Salí a la terraza y me descolgué los dos pisos hasta llegar a la calle. De pequeño me dio por el parkour y cuando me castigaban solía salir de la misma forma. Y daba gracias por ello.
Caminé arrastrando la moto un par de manzanas y después me deslice bajo la lluvia lentamente. Concentrado en el ronco ronroneo de aquella bestia. Escuchaba mi voz una y otra vez repitiendo la misma frase.
-{Se ha terminado el cola cao y he ido a por un bote}-.


 Parte 10

1/4/13

The Girl [Recuerdos, part 8]


El sol ya había desaparecido cuando salía de la facultad. El último examen, al fin. Después de largos días encerrado entre los muros de aquel edificio se hacia agradable sentir el gélido tacto del aire sobre la cara. Una fina llovizna bañaba las calles y contra ella un paraguas hacia mas bien el efecto contrario al que estaba destinado. Caminaba a paso ligero hacia la parada de metro.
A medida que descendía por la escalinata se hacia más perceptible el calor que manaba de los motores de aquellos enormes gusanos subterráneos. Llevaba casi cuatro años viviendo en Madrid y sin embargo nunca dejaría de sorprenderme todo aquel entramado de túneles que se extendía como un mundo paralelo. Recorrí el estrecho andén lentamente siguiendo el ritmo que manaba tímidamente de mis cascos. Esperando, como tantos otros estudiantes. Un panel luminoso no muy alejado anunciaba que faltaban tres minutos para la llegada del próximo tren. Había tenido suerte.
En mi cabeza, las ideas se agolpaban en la linde de los pensamientos inconscientes, como todos aquellos estudiantes. A menudo durante los trayectos muchas veces dedicaba tiempo a pensar en esas asociaciones que mi torturada mente generaba. Y durante los últimos días, a parte de los exámenes, otras cosas rondaban mi cabeza pero tenían un denominador común. El mismo nombre: Alicia.
Un traqueteo metálico en la lejanía se aproximó con velocidad cortando mis pensamientos. El tren había efectuado la entrada en la estación, y a través de los cristales no era complicado deducir que tocaría ir de pies. Acoplado como buenamente me dejaron. Un silbato de sonido metálico advirtió del cierre de puertas y poco después abandonamos la estación con un suave zumbido. El chirriar de las ruedas y el esporádico “clacleo” de las soldaduras no hicieron mas que inducirme lentamente en el trance mientras miraba perdidamente un punto del angosto vagón.
Yo compartía piso con Alicia pero nos conocimos hace un par de años, por casualidad. Ciertamente no me sorprendió cuando me dijo que se pagaba los estudios trabajando como modelo. Ella era una chica de una belleza impresionante. Su pelo anaranjado contrastaba mucho con sus ojos grises azulados y su piel morena. Aquella combinación conseguía que cualquier chico cayese presa de sus encantos. Pero aquella mirada intensa ahora estaba apagada y triste. Y eso me preocupaba. Aunque lo que más miedo me daba era aquella actitud tan cariñosa con la que me trataba, y al sumar que dormía conmigo hacia saltar todas las alarmas. Surgían preguntas. Te abordaban, más bien. Por qué yo. ¿Sería por desesperación? Y otras paranoias semejantes.
Pensando, casi me pasé la parada pero tuve buenos reflejos y conseguí salir del vagón a tiempo. Caminando de nuevo regresé a la fría superficie. Todavía quedaba un pequeño trecho antes de llegar al portal. Caminaba solo, no había nadie más por la calle. Casi escuchaba el eco de las finas gotas en el suelo. Entonces lo vi. Blanco y afilado. Iluminado bajo la luz anaranjada de una farola alejada. Voló mi imaginación rauda por los recuerdos. La asociación fue inmediata.
Gracias por esta noche tan especial. Ha sido maravillosa Bss. Elisa
Boquiabierto me acerqué lentamente. ¿Sería verdad? Después de buscarla durante el verano. Pero entonces me fijé en la matrícula y no coincidía con aquel coche que estuve persiguiendo aquella noche. Pero aquel recuerdo no se desvaneció, sino que permaneció hasta que caí profundamente dormido aquella noche.

11/3/13

The Girl [Sombra noctambula, part 7]

[Cinco meses después, Madrid. {Finales de Enero}]

 
Estaba tumbado sobre la cama, demasiado cansado y algo entumecido. Pensaba para mí, todavía emocionado, fue una experiencia con la que uno podría haber soñado muchas veces pero dista demasiado de las sensaciones reales. Y la verdad después de tres horas… casi no podía con mi alma. Contemplaba por la ventana como el fin de semana apuraba sus últimas horas. Vagaba con la mirada por aquella habitación de la que era huésped. En el escritorio, mi herramienta predilecta sobre la cual reposaba el accesorio principal de mi nueva cabalgadura. Un casco de color oscuro que quedaba mimetizado con la penumbra reinante. Sin duda serian unas semanas muy divertidas. Disolví todas las ideas que llenaban mi mente, y me concentré en los sonidos de fondo que levitaban en la estancia.


La paz y la quietud quedaban ligeramente rasgadas por la suave melodía que manaba de la cadena y que poco a poco me arrastraba a las profundidades del mundo de los sueños. Mantenía los ojos abiertos y contemplaba las sombras de mi habitación. Parecía flotar en la música, imaginaba los pentagramas como pequeños ríos que fluían lentamente. Los parpados pesaban cada vez más. No sabía que hora podía ser, mi única certeza residía en que el sol ya no estaba en el cielo y la noche ya tomaba el cielo de Madrid. Al otro lado de la puerta, unos pasos. Avanzaban con tristeza a pesar de su ligereza. La frontera que limitaba mi cuarto se abría lentamente y no tardó en revelar su silueta en la penumbra.

-¿Puedo?- dijo en un susurro. En ese momento la melodía se cortó.

Avanzó lentamente cerrando la puerta tras de sí. Abanzaba despacio, tanteaba la ausencia de algo que la hiciese caer. Se tumbó junto a mí. Estaba oscuro pero podíamos intuir nuestros rostros. La proximidad nos concedía aquel lujo. Pero no tenían aquel brillo. Estaban apagados. Pasó su mano por mi pecho, abrazándome fuertemente, tratando de acallar sus sollozos. A pesar de la oscuridad pude ver los finos ríos que recorrían sus mejillas. En aquella situación tan extraña, uno no sabía que hacer. Y entonces escuche una vocecita en mi cabeza, no aquella voz ronca y tenebrosa sino tu propia voz repitiendo una frase que escuchaste en algún lugar irrelevante.

–{“Cuando no sepas que decir, el silencio es la mejor de las respuestas”}-.

Sus sollozos continuaban y podía sentir como sus lágrimas caían sobre mi hombro. Estaba más cerca y aquel aroma suyo empezaba a neutralizarme. El silenció era una tortura, sólo roto por aquel llanto ahogado que me deshacía lentamente. Terminé de pasar mi brazo hasta colocarlo sobre su cintura. No podía dejar de preguntarme a cerca de los por qué que la rodeaban. Aunque algo se podía intuir vagamente.

-Arturo…- dijo con aquella voz humedecida,-…abrázame, no me dejes.- Su mano comenzó a desplazarse por mi pecho. La armadura comenzaba a ceder, estaba siendo desarmado. 

-Alicia… qué suce…- La frase quedó interrumpida cuando el cálido tacto de sus labios cayó sobre mi cuello. Sentí la succión. Y de nuevo aquella atracción. La presión de su cuerpo contra el mio. –Alicia, qué te ha pasado este fin de semana…- Mi voz también era un susurro, un susurro irregular. Su dedo selló mis labios.

-Thssss. Déjame estar a tu lado-. Su otra mano yacía sobre mi cabeza, paseaba lentamente enredándose esporádicamente con alguno de los mechones.-Cierra los ojos. Duerme. Velemos nuestros sueños-. Los parpados cayeron pesados. Hipnotizado por todo su ser, ahora estaba a su merced.

Pude sentir como se acurrucaba sobre mí. Enredando sus piernas y cubriendo nuestros cuerpos con el edredón.

-Buenas noches, Arturo.- y dejó un beso sobre la comisura de los labios.-Gracias-.

-Descansa. Y no pienses en él-. Entonces volvió a apretarse contra mí. Aquel cuerpo delicado volvió a delimitarse sobre el mio. Había dado en el clavo.

-Dulces sueños- Su voz fue un susurro en mi oído, escuche su risa en la distancia porque su mano seguía enredándose de forma juguetona sobre mi pelo.

Su aroma natural. El tacto cálido de su cuerpo frágil. 


Parte 8

17/1/13

The Girl [Silencio y Soledad, part 6]

-¿Eli?- escuche una voz que se adentraba lentamente. - Eli, ¿estas bien?-.
Era Mónica, la batería del grupo. Su voz mostraba preocupación, lo que hacia preguntarme durante cuanto tiempo había desaparecido de escena. Volví a mirarme al espejo y limpié los salinos regueros de mis lágrimas. Esto no había ocurrido de puertas a fuera, asique ahora tocaba aparentar la mayor normalidad posible.  Salí por la pequeña puerta de madera oscura. Al otro lado, a punto de entrar en el lavado de señoras la desdibujada sombra de Mónica me miraba con cierta sorpresa.
-Había demasiada cola para ese, asique…- ella me lanzó una mirada que me trajo ciertas dudas. ¿Habría reparado en aquel chico sentado a mi lado? ¿Sería algo del lenguaje corporal lo que la hacia sospechar algo?


-Bueno, ya estamos recogiendo para regresar al hostal. ¿Dónde esta la furgoneta?- Aquella mirada había desaparecido, en su lugar parte de su pelo negro la cubría.
-No queda lejos, decidme que cojo-. Caminamos hacia el escenario donde la mayoría del equipo estaba ya recogido.

La lluvia había vuelto a caer con fuerza. Las luces se reflejaban sobre el pavimento mojado otorgando a aquella noche otro matiz de irrealidad. La conversación parecía sortearme, como si un escudo impidiese enviar o recibir información. Para mí todo se limitaba a al tráfico, las luces y la lluvia. Fue un trayecto eterno.
Tras una hora de fluir lentamente por las calles londinenses logramos aparcar en el garaje. Subimos dejando el equipo camuflado en la furgoneta, al fin de cuentas bajaríamos en unas horas para comenzar el viaje de regreso. En la puerta de la habitación nos despedimos. Ellos pasarían las últimas horas en aquella tierra jugando, como cada noche, a juegos en los que se iba perdiendo ropa de forma misteriosa.  Yo por mi parte prefería quedarme a solas. Entré en la habitación. Caminaba en la penumbra, dejando un reguero de ropa desde la entrada hasta el baño. Los playeros… una sudadera morada… una camiseta blanca… los pantalones, que fueron sucumbiendo lentamente a medida que el marco de la puerta se aproximaba en la oscuridad. Ahora era lo que necesitaba. Oscuridad.
 
Tomé prestadas unas velas que Sara empleaba para hacer ejercicios de relajación antes de salir a un nuevo concierto. Las coloqué en los bordes de la bañera y di vida a las bailarinas que escondían. Mientras el agua caía, el sujetador también padeció los efectos de la gravedad cayendo a mis pies donde no tardaron en seguirle los pantis. Las garras de aquella fría atmosfera no tardaron mucho en rodearme. Tenía la sensación de que mi cuerpo ardía pasto de unas llamas irreales. Me adentre en la bañera lentamente. Contuve la respiración y aguante el helado tacto del agua humeante. Me cubrió dándome la sensación de flotar. Poco después cerré los ojos y dejé que el aroma de canela llenase mis pulmones con largas inspiraciones. Al otro lado podía escuchar a los chicos riéndose. Un par de noches me anime a jugar con ellos, y desde luego lo pase bien. Sentí una pequeña sonrisa escapándose de mis labios. El calor y el olor de aquella cera derretida, junto a la oscuridad y las llamas bailarinas fueron sumiéndome en un estado extraño de relax. Concentrada en el flotar de mi cuerpo, abrazado por el calor de aquel líquido, sentí como aquella tensión que todavía poseía cada musculo de mi cuerpo desaparecía lentamente. Pasaron los minutos, el tiempo volaba demasiado deprisa, y el agua se quedó demasiado fría.
Salí de la bañera recogiendo las prendas que habían quedado por el camino. Busqué en la maleta y me puse el pijama. Solo el tacto del algodón sobre mi piel. Recogí la maleta y el resto de cosas antes de meterme en la cama y quedarme mirando el oscuro techo de la habitación. No sabias cuanto valor tiene algo hasta que lo pierdes. Un sentimiento de añoranza se apodero de mí. Suspire rompiendo el silencio. Entonces desde el fondo de mi memoria surgió una figura de  mirada inocente y sonrisa traviesa, apoyado sobre su saxo. Me veló hasta caer en manos de Morfeo.

Parte 7

The Girl [Grandes errores, part 5]

Sentado junto a mí, en un oportuno sitio que quedó libre, se mantuvo en silencio mirando el escenario. Yo… algo en él me reclamaba desde las sombras. Preguntas. Lo miraba de reojo a través de la cortina creada con mi propio pelo. Algo en él me resultaba conocido pero no sabría decir el qué. El tintineo de una taza me sobresaltó. Alce la mirada. Mi té humeante aguardaba. Saldé la deuda y volví a mi armazón de preguntas. Entonces me fijé en la pequeña sonrisa que ahora adornaba su cara. A raíz de una tontería, algo como una sonrisa, empezamos una conversación de lo más singular.
Mientras hablamos empecé a sentír como el magnetismo de aquellos ojos claros y esas sonrisas, a caballo entre picaras y sinceras, me acercaban más y más a él. Nuestras manos se alcanzaron sobre su pierna. Pensaba, en lo dispares que éramos. Él, vestido tan elegante con aquella ropa de marca cara. Y yo, tan tracillas con unos pantalones de chándal y una sudadera. Pero parecía no importarle, comenzó a acariciarme el brazo mientras seguía hablando con total normalidad, pero a mi se me aceleraba el pulso. Nos mirábamos fijamente. El magnetismo crecía y sin quererlo cada vez estaba más cerca. Pegados. De pronto su mano salto de mi brazo a mi pierna. Estaba tanteando la reacción. Y no debí reaccionar mal porque se acercó a mí y me susurró al oído. El sonido de su voz era más deseable, casi irresistible. Sin saber por qué aproveché su posición para besar su cuello. Sentí su reacción. Acababa de pasar el punto de no retorno y hacía tiempo que no lo cruzadaba. Él también se defendió marcando con los labios el lóbulo de mi oreja y de esa forma cerró satisfactoriamente la respuesta de su petición susurrada. Nos levantamos y desaparecimos discretamente.
En aquel cubículo penumbroso y retirado, donde el sonido era tan solo una ilusión. Me dejó suavemente contra la pared. Nos miramos de nuevo y nos besamos. Los ojos cerrados. Aquella sensación que creí extraviada en el tiempo, volvió a resurgir como la luz de una bengala en una oscura noche. Sus labios conservaban el sabor a vodka. Sus manos en mi cintura. La excitación nos envolvía. Podía desgarrarse. Comencé a desabrochar su camisa dejando su torso duro al descubierto. Sus dedos treparon hasta mi pecho y allí con gran facilidad desabrocharon el sujetador. Sus manos frías cubrieron mis pechos. Los acariciaba pasando la yema de sus dedos. Recorrida de arriba abajo por un escalofrío. Percibí la curvatura de sus labios.  Mi pulso fue subiendo el nivel de serotonina. Una de sus manos descendió serpenteante por mi espalda con un leve cosquilleo volviendo a la cintura. Se hundió a través del pantalón y comenzó  a pasear su mano con la suavidad de los pétalos de rosa. Aquel cosquilleo agitó mi respiración. Ahora él había descendido en una hilera de besos hasta mi cuello. Mis labios en su oreja habían transformado aquellas respiraciones en leves jadeos ahogados. Mis manos habían topado con su punto débil y lo explotaban con dulzura y deseo. Intenté resistir pero aquellas caricias lograron traspasar mi última defensa y entonces escuche mi voz.
-Sigue Arturo, no pares...-. Vi explotar la burbuja que yo misma había creado.
Abrí los ojos y me fije en el chico que ahora estaba pegado a la otra pared del cubiculo. Su pecho completamente tatuado. Su pelo oscuro y revuelto. Y aquellos ojos claros que me atravesaban impasibles. Nada que ver con la mirada de hacia tres minutos. Irradiaban enfado, furia.
-<¡DIMITRI! Te lo he dicho seis...>- Trataba de mantener la calma, pero algo dentro de él se estaba despertando. -<Oh!, ya entiendo>-. Empezó a reír.
-<¿Pensabas que sería tu consolador…?>- aquella sonrisa desapareció con la misma velocidad con la que llegó. Su expresión regresó a la frialdad inicial. -<Estás muy equivocada. Yo no soy el segundo plato de nadie y menos la fantasía de alguien como tú.>- Su voz era apenas un susurro, pero fue suficiente para congelarme la sangre.


Lo siguiente que dijo antes de cerrar la puerta con un portazo, que quedó vibrante durante segundos, a pesar de ser en ruso no perdió su matiz amenazante. Me quedé apoyada en la pared de madera. Inmovil.  Salí con miedo de aquel cubículo. Temía encontrar a alguien allí pero solo topé con mi propio reflejo junto al espejo. Me miraba. Con los ojos desbordados por las lágrimas. Me derrumbé ante mi propia mirada. ¿Cómo? ¿De verdad había sido capaz? ¿Tanto se parecía?  Permanecí frente al espejo mientras al otro lado mi silueta reprochaba con razón lo que acababa de hacer. Aquella vocecita interior, esa conciencia, hablaba despacio pero no por ello menos hiriente.

The Girl [Ecos,part 4]

[Principios de septiembre]

El eco de su voz aun permanecía en mi memoria. Resonaba en el silencio de las noches más oscuras. No podía evitarlo. Trataba de mantener la mente alejada pero siempre regresaba. Había conocido a otros pero…

Un sonido hizo retumbar toda la estancia cortando el fluir de pensamientos. Aquella inesperada interrupción me dejo el corazón latiendo en un puño a un ritmo fuera de lo normal. Vagué con la mirada por aquel oscuro y sombrío pub de la Inglaterra profunda. En las ventanas empezaban a caer gotas con fuerza dejando un suave tintineo. Algunas siluetas difusas. La taza con algunas gotas resbalando hasta el pequeño charco del plato. Una mesa de billar al fondo pobremente iluminada. Las columnas abstractas que se elevaban lentamente desde le borde de la taza. La gente agolpada en la barra y en las mesas. Y de nuevo aquella melodía. Una melodía conocía a pesar de ser de grupo desconocido. Las conversaciones incomprensibles de alrededor. Y otra vez aquella sensación. El tamborileo de la lluvia se hacia notar junto a la ventana. El sonido de las guitarras. Y el ritmo de la batería. Cerré los ojos tratando de regresar a mis pensamientos pero fue inútil. Tomé la taza y el calor congelo mis manos destempladas. Calor sobre mí. El sabor de aquella bebida típica ahogada en el azúcar y leche. Dulces. Todavía sentía aquel último beso. ¿Por qué? Aquel pensamiento brotaba una y otra vez. Nunca nada… ¿nunca?… Un nuevo trueno estalló fuera seguido de un leve resplandor. Sin quererlo, con aquel pequeño flas de mi memoria, se me había dibujado una leve sonrisa en el rostro. Llevábamos en aquella tierra cerca de una semana pero para mí el tiempo parecía haberse detenido. Claro que tampoco quedaba muy clara mi misión allí con ellos. Aunque les agradecía la invitación porque llevaba tiempo queriendo visitar aquella ciudad de la que tanto había oído hablar a mis amigos.

Me levante del asiento en lo que ellos hacían un pequeño descanso. El habiente estaba cargado y había empezado a dolerme un poco la cabeza. Me abrigue todo lo que pude y me deslicé entre la gente hasta llegar a la calle. Allí me dejé atrapar por el gélido aire que barría las calles. Las gotas que antes golpeaban las ventanas ahora no eran más que una fina manta que caía delicadamente sobre las partes expuestas de la piel. La densa nube de aire condensado ascendía en formas caprichosas. Camine calle abajo, dirección a una pequeña tienda de chucherías, de vez en vez veía pasar algún coche, o algún taxi negro camuflado en la noche. El sonido de mis pisadas se escuchaba claras. Rápidas y cortas. Casi no había gente por las calles. Miré el reloj que solo marcaba las ocho y media, cualquiera podría pensar por lo avanzado de la noche y la poca gente paseante que se trataban de las tres o cuatro de la mañana. La verdad daba un poco de cosa pero por suerte la tienda no quedaba lejos y todavía estaba abierta.
De nuevo al resguardo del frio, habían empezado a tocar de nuevo. Parecía haber más gente expectante de aquel grupo de jóvenes que se manejaban tan curiosamente sobre el escenario.     Busqué un nuevo sitio en el que sentarme pero sin éxito. Todas las mesas estaban ocupadas. Ante aquella situación probé suerte en la barra. Vagué con la mirada, algún sitio discreto, alejado de la gente porque todas las noches había algún chico ciego de pintas que probaba suerte conmigo. Extranjeros. No pude reprimir una sonrisita al pensar en aquel monologo que tantas veces había escuchado. Un camarero me pregunto por lo que tomaría en esa gélida noche. Pensé en el té que me había tomado antes y opte por repetir.
-<Un té con leche y mucho azúcar, por favor>- El camarero asintió y desapareció raudo en busca de mi consumición.
Distraída de todo punto miraba desinteresada la decoración tan británica cuando surgió desde el fondo, como un deseo oscuro de mi imaginación. Elegante en los andares y en el porte. Un chico de unos veintiocho.

Parte 5