poemas de amor Crazzy Writer's notebook: coche
Mostrando entradas con la etiqueta coche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta coche. Mostrar todas las entradas

14/11/14

Escapada Invernal

Sin casi pensarlo mandó el mensaje con aquella extravagante y furtiva idea que se le había pasado por la cabeza. Ni siquiera le dio el tiempo suficiente para terminar de asentar aquel cúmulo nebuloso con el que trataría de sorprenderla. El mensaje de regreso mantenía ese tono de sorpresa e incredulidad, parecía que la curiosidad felina asomaba ante aquel escueto esbozo de plan.
Antes de cumplir los veinte minutos de plazo, el coche se paraba frente a la parada de autobús donde ella aguardaba con cierta impaciencia.
-¿A dónde vamos a ir?-. Preguntó ofreciendo sus labios para recibir el beso de bienvenida.
-Ah, sorpresa-. Susurró tras depositar varios besos cortos sobre aquella blanda superficie. Y sin tardar mucho más puso de nuevo en marcha el vehículo ignorando las quejas de su pasajera.

La noche ya pesaba sobre toda aquella región a pesar de que los relojes todavía no marcaban ni las nueve de la noche. Poco a poco, y sorteando el tráfico, fueron abandonando las estrechas calles de la urbe para adentrarse en las anchas vías de uno de los polígonos industriales más importantes. A penas se veía coche alguno vagar por aquel lugar donde las industrias y las naves campaban ordenadamente en calles completamente ortogonales. Ella miraba y preguntaba tratando de sonsacar alguna información.
-Hay luna llena-. Dijo mirando a través de la luna mientras esperaba que aquel semáforo le dejara vía libre. –Sería bonito verlo desde el mirador…-. Dejó la frase en suspenso al quedar bañado por la luz verde.
-¡¿Pretendes llevarme al cerro?!-. La chica lo miraba ojiplática, sobretodo porque en aquel lugar siempre solía haber varios coches cuyos ardientes interiores habían tintado los cristales para ocultar a sus ocupantes de la fría noche. Aquella reacción no hizo más que ensancharle aquella sonrisa que lo había tomado un rato antes.
-Frio, frio-. Respondió con aquel tono juguetón que tanto la atraía. –Pero antes de seguir, ¿te apetece coger algo de cena?-. Aquel cambio tan súbito en la conversación logró descolocarla, aunque lo cierto era que ella tampoco había cenado, asique asintió con cierta energía. –Vamos al Mc auto-. Espetó de pronto acompañando la frase con un cambio de dirección completamente inesperado.
Circulaban despacio, él seguía los paneles que había situados en las esquinas de las calles del polígono. Sin duda estaba más perdido que un pulpo fuera del agua, aunque trataba de disimularlo para evitar alguna burla traviesa de su acompañante. Y a punto de admitirlo estaba cuando aquel edificio adornado con una gran “M” apareció a su lado.
Después de recoger aquel pedido, lo dejaron a buen recaudo en el salpicadero del coche cuya tecnología más puntera consistía en un cuenta revoluciones, aquel coche tenía más años que el propio conductor pero aquello no era sino un aliciente para conducir aquel coche hasta el fin del mundo, sentía admiración por cada tuerca y no escondía lo orgulloso que se sentía de él.
Aquel viaje prosiguió a buena marcha por la autovía, alejándose cada vez más de aquella tediosa ciudad en la que ambos vivían resignados a no poder abandonarla, sin importar el motivo que los condujese, ese era uno de los puntos que compartían.
-¿Pero a dónde vamos?-. Volvió a preguntar con cierta sorpresa.
-Solo disfruta-. Dejó como única respuesta, mientras seguía sin apartar la vista de aquella carretera. Entonces ella reparó en uno de los enormes panelones que se aproximaba a una velocidad suficiente como para leer lo que ponía. -¡¿¿Soria??!-. El miedo, y la sorpresa se habían apoderado de su voz, no daba crédito. ¿Realmente había decidido hacer semejante locura?
-Noooo, si eso está a tomar por saco…-. Dijo con una pequeña carcajada. – No te lo voy a decir, solo espero que no te aburras demasiado. El tramo de autovía que coincidía con el trazado que había dibujado en su mente llegaba a su fin, por lo que indicándolo con la intermitencia, de carenciado y sonido tan peculiar comenzó la andadura a través de aquel entramado de sinuosas carreteras entre pinares.
Atravesaron el primer pueblo a buena velocidad, una vez terminado todo aquel conjunto de casas construidas en uno de los meandros del castellano rio Duero, la oscuridad y la soledad volvían a abrazarlos con aquellos gélidos brazos. Comenzaban la ascensión de una de las pendientes más famosas por aquellos lugares. Los halos blancos iluminaban la carretera que tras la subida se habría ante su mirada. Incluso las luces de largo alcance no llegaban a iluminar todo el perímetro que los rodeaba, pero aquello no hacía más que instar más y más a seguir con aquel viaje. El tacómetro bañado en aquel espectral haz verde daba toda la información imprescindible y entre aquella escueta información tan solo dos pequeños relojes mantenían la plena atención del conductor, el cuentakilómetros y el indicador de la gasolina, mientras que la pasajera miraba extasiada por la ventana.
Después de un largo recorrido por aquella carretera estrecha rodeada de pinos que daban una atmosfera típica de película de terror barata, alcanzaron el segundo pueblo donde tras dar un pequeño paseo rápido se detuvieron para bajar al merendero a comer aquellas hamburguesas que habían comprado.
Al poco de bajar, el viento frio empezó a recorrer todo el merendero haciendo que ella empezase a estremecerse.
-Vaya, creo que esto no lo tenía previsto, tal vez debí haberte avisado de que cogieses algo más fuerte de abrigo-. Comentó mientras se lamentaba por aquel patinazo, ya que aquel fallo meteorológico les impediría contemplar la noche tranquilamente como él había planeado. Con el fin de solventarlo presto su cazadora a la chica que trataba de restarle importancia al tema. Terminada aquella rápida cena, subieron, pues todavía tenía una sorpresa más. En lo alto del pueblo había un bar donde a lo largo de los veranos él solía pasar varias tardes a la semana poniendo al día sus asuntos en la red de redes.
 Una agradable conversación entre risas y besos robados, de un lado como del otro, hizo que las manecillas del reloj corriesen más de lo debido, y tras apurar sus bebidas y una pequeña parada, prosiguieron el camino hacia su desconocido destino.
-Derecha o izquierda-. Preguntó de pronto sorprendiendo a la pasajera, la cual respondió por impulso rápido que fuese hacia la derecha. Aquella carretera estaba en mejores condiciones que la otra, además tampoco le inspiraba demasiada confianza, y al tener ambas el factor que más deseaba el conductor que era circular a través del pinar, respetó la elección de su compañera de viaje. Varios kilómetros más tarde y tras rebasar otro pueblo llegaron al destino. El santo lugar de la Virgen del Henar, lugar donde todos los veranos, desde que él tenía memoria, pasaba una tarde con su familia.
El viaje de regreso atravesó los mismos parajes que en la ida. Ella parecía disfrutar con cada metro que recorrían bajo aquel ronco sonido del motor carburado. El viaje se hizo demasiado corto en opinión de ambos ya que antes de darse cuenta él estaba recorriendo hábilmente la calle, marcha atrás, para dejarla junto a su portal. El beso de despedida, casto, fue el colofón final a aquella peripecia que fugazmente había soñado y que al parecer había sorprendido y gustado a su pasajera. Aunque antes de llegar a casa debería recargar el combustible gastado durante el trayecto. Y aquello sería duro ya que a esa hora pocas gasolineras estaban abiertas, pero… aquello es otra historia.  

17/9/13

The girl [Punto y final, part 19]


Tras subir el último tramo de escaleras envueltos en la penumbra Arturo desenfundó sus llaves y con un increíble tino la encajó a la primera en la abertura. Pero se sorprendió cuando la puerta cedió al primer giro.


-Vaya… parece que alguien ha llegado antes que nosotros-. Su tono era reflexivo. Pero sacar la respuesta de su mente sería más difícil que adentrarse y preguntar. Cuando empujó la puerta un olor a comida salió a recibirnos. Parecía delicioso.  –Estamos en casa-.
-¡Arti!-. Dijo una voz dulce desde la cocina. Ahora la curiosidad me tomaba por completo. Sabía que Arturo vivía con una compañera pero nunca la había visto en persona. ¿Cómo sería ella?. –Estoy en la cocina, he llegado hace un poco de la estación… Pensé que irías a buscarme en tu cascaroncillo-. Sentí como Arturo se estremecía.
-No te esperaba hasta las siete. ¿Cómo de vuelta?- Preguntó mientras nos encaminábamos a la cocina. -¿Qué tal él viaje?-. Me asomé por el vano de la puerta. Allí cubierta por un largo delantal estaba Alicia vigilando los fogones, mientras varios trozos de carne terminaban de dorarse.
-Bueno, allí me aburría mucho asique decidí adelantar un poco la salida. El viaje… el trayecto bien, bastante tranquilo si quitamos el metro. Te mandé un mensaje para que vinieses a buscarme-. El reproche hizo que Arturo temblara ligeramente de nuevo. –Pero te perdono. Estoy haciendo ensalada con carne. Seguro que te gusta-. Quitó los ojos de la sartén y le miró por primera vez. Aquellos ojos grises, impactantemente bonitos, se clavaron en él.
-Alicia… no es por hacerte el feo pero soy vegetariano, no como carne-. Dijo mientras miraba la sartén y el plato con la ensalada que habíamos preparado por la mañana. Después me dirigió una mirada de disculpa, estaba claro que eso no estaba en el plan previsto, y ciertamente empezaba a sentir una extraña sensación que me punzaba desde dentro.  
 –Oh… pues es la primera noticia que me das-. Volvió a mirar los fogones. Parecía no haber reparado en mí todavía. –¿No vas a presentarme a tu… invitada?-. Su voz reflejó un matiz extraño que no supe ubicar pero no hacía falta un master para saber que no era nada cordial.
-Pues Alicia… llevas viviendo aquí desde finales de septiembre, y desde luego no será por la de veces que te lo he dicho, de todas formas es lo mismo-. Entonces me agarró de la mano y me adelantó un par de pasos. –Ella es Elisa. Elisa ella es mi… compañera de piso, Alicia-. Alicia siguió a sus fogones, sin hacer nada más. Pero Arturo me miraba negando con desesperación.   
-Encantada, Elisa. Por cierto, Arturo bajarías a por un bote de vinagre balsámico y pan, porque se me ha olvidado traerlo-. Arturo apretó los dientes y cerró los ojos. Aguardó en silencio. Abrió el frigorífico y miró rápidamente para hacer un inventario básico y aprovechar el viaje.
-Lo siento, Elisa, pero voy a bajar un momento al chino de aquí al lado a comprar el pan, huevos, arroz congelado y agua. Volveré en cero coma. Y mil perdones-. Su mirada se clavó en Alicia, que seguía a lo suyo. Y poco después se despidió de mí con un pequeño roce de labios. Después desapareció por la terraza del salón. Sentí un fuerte estremecimiento al imaginarle aquí con ella.
Yo caminé discretamente hasta salir de la cocina y encerrarme en la habitación de Arturo para empezar a empacar mi escaso equipaje. Mientras recogí, no podía evitar cierta clase de pensamientos que hasta entonces jamás se habían asomado y aquello despertó una sensación muy poco agradable dentro de mí. Entonces escuché la voz de mi amiga Lidia, “estas celosa, uhhh”.
-Elisa… ven a la cocina y ayúdame-. Dijo con voz suave aunque no ocultó el matiz de exigencia. Y por no tener más problemas con aquella niña consentida, cosa que saltaba a la vista, fui nada más terminar de meter mi neceser en la bolsa de viaje.
-Dime-. Entré lentamente en la cocida. –Huele muy bien-. Me pasó tres platos para que los fuese colocando en la mesa.
-Vete poniendo la mesa-. Dijo con una pequeña sonrisa. –¿Qué te traes con Arti?-. Preguntó de pronto. –Se te ve muy pillada por él-. Aquello me pillo desprevenida, aunque estaba esperando algo de ese tipo pero no tan directo.  
-A qué viene ese interés en lo que me traiga o lleve con él-. Trate de disimular aquellas punzadas que sentía, pero no estaba muy segura de poder seguir mucho tiempo. –Es un chico encantador, nada más-. Ella hundió aquellos ojos grises en los míos. Sentí como corrían las chispas entre ambas.
-Para que no te ilusionases con él-. Su indiferencia me cortó como si me hubiese alcanzado con el hachón de la carne que tenía en la mano. –No es que me importe mucho… pero él no está interesado en ti. No eres más que una sustituta de fin de semana mientras estaba fuera. Él está por mí, incluso llevamos un par de meses saliendo juntos-. Su voz era suave y dulce, todo lo contrario a su mirada afilada. Aquello no cuadraba, me negaba en redondo a creerla. Trataba de seguir con la mesa, colocando los cubiertos. –Veo que no terminas de créete lo que te cuento… ¿Acaso te ha dicho que nos acostamos juntos cada noche?-. Mostró una sonrisa retorcida. -Y resulta muy apasionado algunas veces, parece insólito teniendo en cuenta que no es más que un friki del ordenador-. Su risa estridente estalló por toda la cocina.  
-Si… algo me ha comentado-. Aquello no pareció hacerla efecto alguno. –Pero no termino de verle bajo tus pies…  otros puede que babeen al verte pero Arturo no es de esos. El físico no le importa-. Nuestras miradas se encontraron haciendo saltar más chispas. Parecía tranquila pero solo lo parecía, ¿Estaría celosa? Una imperceptible sonrisa se asomó a mis labios.
-Si, en eso coincido contigo-. Sonrió con malicia. –Él no se fija en el físico, pero a fin de cuentas es un tío y todos, tarde o temprano, terminan cayendo, y Arturo no es la excepción…-. Su mirada volvió a hundirse en mí. Escrutando sin piedad cada gesto que hacía de forma inconsciente. –Aunque me costó lo mío, porque se negaba a acostarme conmigo pero bueno… tiene tan buen corazón y es tan buen chico… ¿no te parece?-. Aquella conversación estaba llevándome hacia su terreno, sólo hace falta una gota de desconfianza para minar por completo la integridad de una persona y aquella desgraciada estaba dispuesta a echar toda la que pudiese. Pero no, no caería esa breva, se lo estaba inventando, o a esa conclusión llegaba yo después de las numerosas conversaciones con Arturo en las que siempre terminaba despotricando contra ella. Ahora entiendo porque casi no pisaba por casa.
-Eso es mentira. Lo que pasa, arpía inmunda, es que estas celosa de que una chica como yo, te quite al único chico que se resiste a tus artimañas. Acéptalo. Él pasa de ti. Si no hay más que ver cómo te rehúye…-. Una carcajada estalló sonoramente en la cocina. Larga y vibrante. Alicia se retorcía buscando algo de aliento que retomar.  
-Mira, zorrón de pub, no quería llegar a esto pero… no tengo más remedio que contártelo para que no se te rompa el corazón más tarde. Arturo está contigo por una apuesta… no eres más que el medio para hacerse con un nuevo ordenador-. Retiró la sartén del fuego y se fue acercando a mí. –¿De verdad estabas pensando que se estaba enamorando de ti?-. Su voz era un susurro, pero tan cortante y afilado como el resto de sus palabras. -Si quieres hechos, ahora te daré hechos. Dime si o no. ¿Te ha llevado a dar un paseo?-. Bajó el tono de voz mientras recortaba distancia.
-Si-. Murmuré. Aquello de la apuesta me pilló fuera de juego. Estaba resentida por las cuchilladas que me había asestado, y aunque resistía a creerme todo aquello poco a poco mis murallas perecían antes sus palabras.
-¿Te ha llevado a cenar, con una actitud muy romántica y delicada?, ya sabes… velas… masajes… palabras bonitas… miradas irresistibles…-. Su mirada estaba vislumbrando las lágrimas que estaban a punto de desbordarse. Parecía estar saboreándolas, sintiendo aquel gusto salado. –Que ingenua… pobrecita-. Su sonrisa perfecta parecía tener un resplandor propio. –Oh… y también habréis visto una peli acurrucados en el sillón-. Volvió a reírse. Yo negaba con la cabeza, aquello no podía. No quería que fuese cierto. Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas ante su mirada penetrante y afilada. –Y seguramente nada de sexo…-. Volvió a reír. Su voz sonaba divertida. -¿Ves?… no sabes lo que te pierdes… en fin… la comida ya está-. Dijo mirando el plato y la sartén. –Voy a traer la ensalada, espero que a ti te guste, ya que Arturo se nos ha vuelto vaca…-. Acercó los platos como si aquella conversación nunca hubiese tenido lugar. Mientras que yo no podía evitar retorcerme en mi interior. Aquellas sensaciones se multiplicaron. Parecía arder de rabia, quería volver a mi casa, coger el coche y derrapar hasta destrozar los neumáticos en el circuito pero sobre todo olvidarme de el.
-Discúlpame-. Dije tratando de aguantar la compostura y salir de la habitación con la mayor dignidad posible, aunque ya no quedaba mucha. Fui a por el equipaje y salí corriendo por la puerta.
-Adiós… Elisa, que tengas buen viaje… ¿seguro que no quieres nada para el camino?- escuche la voz alegre de Alicia desde la cocina.  
Nada más llegar a la calle, en la puerta del portal me topé con Arturo que venía con las bolsas. Se quedó muy sorprendido al verme, seguro que tenía los ojos a punto de desbordase por las lágrimas.
-Elisa… qué ha pasado-. Su preocupación sincera quedó relegada, aunque seguro que algo se estaba cociendo en el procesador de su cabeza.
-Eres un cabrón. No quiero volver a verte-. Mi corazón, o lo que quedaba de él, se desgarró con cada palabra. No vi la expresión de Arturo porque salí corriendo a por el taxi que acababa de parar en el semáforo, pero seguramente la consternación le invadiese.  
-A la estación de buses de Méndez Álvaro, rápido por favor-. La taxista me miró y asintió.
-De acuerdo, señorita-. Conectó el taxímetro y puso los indicadores de ocupado.
Tras iniciar la marcha, mi mente colapsada ante aquella situación se desconectó de forma casi automática. Me hundía. Caía lentamente a través de mis propios pensamientos. Divididos. Por un lado la pequeña parte que comandaba la celosa ira, que había picado en aquella trampa y contestado a Arturo. La otra parte de mí, se negaba rotundamente a creer aquellas palabras. Era imposible que aquel chico que había conocido aquella noche en aquella carrera me hubiese vendido por un ordenador, pero tres años… es mucho tiempo. Y el chico del circuito a principios del verano pasado… aquel cuerpo inocente que cayó desmayado sobre mi asiento, tampoco encajaba en aquel perfil. Aunque tanto tiempo bajo el influjo de aquella arpía… a saber cuántas trampas le habrá podido tender. Incluso el hierro de la más alta calidad sucumbe con el tiempo a la corrosión, solo se necesita tiempo… y las condiciones propicias. Las lágrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas. Ahora... quién estaba segura de si era o no cierto. Era incapaz de contenerlas.   
-Ten… no es bueno que una chica como tú se vea llorando-. Me tendió un kleenex. Su voz, pausada y suave me devolvió al habitáculo del coche. –Espero que no sea por un chico, porque si es así… entonces estoy convencida de que no te merece-. Mientras seguía conduciendo trataba de consolarme, aunque no iba por buen camino.
No podía contener el remordimiento de lo que acababa de hacer, Arturo no era así, solo estaba en casa para dormir, y muchas veces se había quejado mientras hablábamos de que Alicia se colaba en su cama y trataba de persuadirle sin éxito. Me sequé las lágrimas antes de coger el teléfono y escribirle un largo mensaje pidiéndole disculpas.
El taxi se detuvo en la puerta de la estación del Sur poco después de mandar el mensaje. Estaba más calmada, aunque seguía intranquila por la incertidumbre de si Arturo querría contestarme.
-Son diez con setenta y cinco-. Comunicó la taxista a través de la luna de metacrilato que nos separaba. Busqué en la cartera el dinero de la deuda y se lo entregue con algo de dificultad por el hueco que había en la plancha.
-Muchas gracias, María. Que tenga buen servicio-. Me despedí antes de bajar del coche y adentrarme en la estación dos horas antes de la partida del bus.
Nada más cruzar aquellas puertas sentí aquel escalofrío del aire acondicionado. Parecía mentira que tres días antes recorriese aquel lugar de la mano de Arturo. Miraba los alrededores, la gente con la que me cruzaba. Buscando nada concreto encontré a un chico muy bien vestido. Hablaba por teléfono y me resultaba lejanamente familiar. Entonces como si supiese que lo estaba mirando me devolvió la mirada con aquellos ojos fríos. Aquella mirada me trajo un recuerdo tan turbio y oscuro que me estremeció. Comenzó a caminar en mi dirección con aquella elegancia y parsimonia. Como recordaba de aquel pub Londinense. Dimitri, estallo su voz en mi cabeza.
Lucía una curvatura de satisfacción, parecía que le llegaban buenas noticias del otro lado de la línea. Estábamos a menos de un metro. Pero a pesar de su mirada no parecía tener el menor interés en mí. ¿Me habría reconocido?
-<do svidaniya…>- Dijo al teléfono. La última mirada que me dirigió antes de cruzarnos logró estremecerme. -<…Elisa>-. Susurró al pasar por mi lado y después dejó escapar una risa sincera de alegría y continuó su conversación. Aquello me congeló la sangre. Se acordaba de mí… y aquello solo me hacía preguntarme si aquello no sería más que una oscura casualidad…
Me acerque a la taquilla donde una chica miraba la pantalla de su teléfono. Parecía muy distraída, claro que yo también estaba abstraída por mis propias cavilaciones.

-Buenas tardes-. Dije con un hilo de voz a través de los agujeros de la mampara. La chica me miró y esbozó una mecánica sonrisa.

-En qué puedo ayudarla-. Su voz estaba agotada, tanto como su mirada.

-Verá tengo un billete para Valladolid, pero el bus sale a las seis, ¿sería posible coger otro autobús que saliese antes?-. Ella me miró. A saber cómo sería mi aspecto en aquel momento, pero comenzó a buscar en el ordenador.

-A ver si hay algún asiento libre para el autobús de las cinco-. Miré el móvil. Quedaban cuarenta minutos, cuarenta eternos minutos si tenía algo de suerte. Ella seguía mirando pero no parecía encontrar nada, pero de pronto un gesto delató que había podido encontrar algo, entonces se volvió de nuevo hacia mí.- ¿Te importa que no sea directo? Porque si es así hay ahora un autobús que sale en diez minutos hacia Galicia, y hace parada en Tordesillas-. Aquello no era lo que me esperaba, pero como quería huir de Madrid cualquier cosa me servía.

-De acuerdo. ¿Cuánto es?-. Busqué el monedero en el bolsillo del pantalón esperando a que me dijese cuánto costaría. Y rezaba para que no fuesen más de treinta euros, porque no tenía nada más.  

-Son veinticinco euros, pero si tienes el otro billete, son solo tres euros a pagar-. Comentó tras mirar por los alrededores, supongo que vigilando que no hubiese ningún superior mirando.

-Muchas gracias-. La entregué el billete de forma torpe y el dinero. –La estoy tremendamente agradecida-. Sentí como una lágrima resbalaba discretamente. Aquella conversación con Alicia me había destrozado.

-Date prisa, está en la dársena 26, va a salir en cosa de cinco minutos. Y espero que no sea nada-. Después de despacharme volvió de nuevo a su teléfono móvil.

Corrí hacia las escaleras, esperaba no estar muy lejos porque no quería perder aquel bote de huida. Una carrera fue suficiente para llegar al autobús. El conductor acababa de cerrar el portón pero después de enseñarle el billete y una mirada con algo de reproche metió mi pequeña bolsa en el maletero.

Me senté en el sitio que marcaba el billete, el autobús estaba casi completo. Al poco de abrocharme el cinturón el autobús comenzó a maniobrar para salir de su aparcamiento, pero antes de salir completamente se detuvo de forma brusca. Se escuchó como las puertas se abrían. Una figura jadeante caminaba tambaleante por el pasillo.

-Lo has cogido por los pelos, casi te quedas en tierra-. Comentó la señora que se sentaba delante de mí.

-Sí, cariño… lo sé, pero ha habido un accidente bastante feo en General Ricardos y el taxi ha estado allí detenido hasta que han despejado un poco aquello-. Respondió el chico todavía exhausto.

-¿Cómo ha sido?-. Preguntó ella con curiosidad. Aquello hizo saltar mis alarmas, Dimitri y un accidente… resultaba sospechoso, o estaba paranoica perdida. Presté más atención a la conversación.

-Al parecer un Land Rover se ha saltado un semáforo y ha alcanzado a un coche pequeño, creo que un Citroën. Ha sido espectacular porque ha dado varias vueltas de campana y ha terminado empotrado en una farola panza arriba pero el todoterreno ha logrado darse a la fuga. La verdad es que pintaba realmente feo… el coche era irreconocible, un amasijo retorcido de hierros-. Explicaba el chico mientras su acompañante afirmaba.

-No, no, no, no…-. Murmuraba para mí mientras cogía el móvil. Estaba al borde del ataque de nervios. Aquello eran demasiadas casualidades. Tras varios intentos logré dar con el número de Arturo.

{Puuuu; Puuuu; Puuuu; Puuuu;}
-Cógelo, cógelo, vamos cógelo. Idiota…-. Rogaba. Rezaba para que su voz o la de aquella lagarta sonasen al otro lado.
{Pu, pu, pu, pu, pu, pu}      
F.I.N

9/6/13

The girl [De visita, part 14]

[Tres semanas más tarde. Mediados Abril]
 
Miré el reloj. El segundero, rojo metálico, se deslizaba a través de la esfera negra. Entonces dos brazos me apresaron en un abrazo, interrumpiendo mis abstractos pensamientos.
-Peque, estas muy distraído desde hace unos días, ¿en qué piensas?- Su voz cobró aquel matiz cariñoso, suave y delicado. Sus labios casi acariciaban mi oreja. –O en quién… porque hace mucho que no veía esa mirada en esos ojazos marrones-.
En aquel momento, aquella alarma volvió a dispararse. Ella estaba demasiado cerca, su actitud volvía a ser cariñosa, demasiado cariñosa. Me levanté poco a poco hasta que el nudo quedó desecho.
-En nada…- Mi resignación era más que perceptible, aquella actitud suya estaba empezando a agobiarme. Volví a consultar el reloj. Faltaban cinco minutos. Serian muy largos. –Voy a la dársena, ¿tienes los billetes? Tu autobús sale en diez minutos. Y yo tengo tareas pendientes-.
-Mi autobús sale a las siete y cuarto, te lo llevo diciendo desde que hemos salido de casa pero como me ignoras…- Dijo tomándome de la mano. Se acomodó el corto vestido y comenzamos a caminar entre la gente.
-¿No pretenderás que te lleve de la manita?-. Una pose tan dramática y exagerada lo hizo pasar por broma. Ella se quedó pensativa. Apareció una mirada picara. Un brillo llamativo. Entonces tiró de mí y me pegó a su cuerpo.
-No quiero perderme-. De pronto aquel rostro fue la definición de inocencia.  Aquellos ojos grises me miraban deslumbrantes y sus labios, carnosos y de apariencia tan jugosa, temblaban en un pequeño puchero. 
En aquella inmensa dársena repleta de autobuses, maletas y gente, trataba de localizar el bus en cuestión. Era de la compañía ALSA, y aquel dato era poco útil porque debía haber cerca de diez autobuses de la compañía, sólo en ese lado. Miraba con cuidado, leía en los letreros luminosos y en las hojas de las lunas.
-Es ese-. Señalé un autobús que no quedaba muy lejos.
-No puede ser el mio, sale a y cuarto. No me engañes, chico malo-. Y me golpeo suavemente en el hombro.
-Alicia… por casualidad… ¿cambiaste la hora?- Una involuntaria sonrisa se dibujó en mi rostro. Su expresión se desencajo en el acto.
-¡Mierda! Que si es-. Alicia arrancó a correr arrastrando su maleta.
No tardó en perderse entre la multitud de gente que pasaba. Me quedé apoyado en una de las maquinas de picoteo observando aquel enorme vehículo y en el largo trayecto que le esperaba. Resultaba un tanto irónico encontrarse en aquella situación después del intercambio verbal que ambos mantuvimos en casa. Seguía con aquella sonrisa en mi semblante distraído, hasta que el móvil sonó en mi bolsillo.
Miré en la pantalla la notificación de un nuevo mensaje.
“Ya hemos llegado, estamos aparcados en la plataforma 18, aquí te espero. Bss. 19:12”.
Guardé el teléfono y tras una pequeña mirada a los indicadores de las dársenas comencé a caminar esquivando al resto de la gente que caminaba en sentido opuesto. Mi paso es rápido de forma normal pero dada mis ganas de volver a verla, y más después de tres largas semanas, rozaba la categoría de fugaz. Me detuve junto al autobús y miré a los alrededores. Buscándola. Aunque no conseguía distinguirla con tanta gente. Tanteé el móvil con la mano mientras continuaba mirando por los alrededores.
-¿Qué tienes planeado, Arturo?- Sobresalió una voz por uno de los flancos del autobús. Me volteé sobre los talones y allí estaba. Elisa.
-Algo mágico-. Mi voz fue suave y sugerente. Había que darle un poco de emoción. Un saludo cálido nos unió a ambos antes de emprender las preguntas típicas mientras nos encaminábamos al coche cogidos de la mano.
-El viaje a sido largo, aunque no tanto como estas semanas-. Y apoyó su cabeza en mi hombro. –Y… ¿revelaras tu truco…?-. Aquella mirada estaba a punto de desarmarme por completo pero había que resistir.
-¡Oh…! ¿¡qué clase de mago sería si revelase mis trucos!?-. Me llevé las manos a la cabeza en un gesto exagerado de sorpresa. –Pero…-. Mirando al cielo azul trataba de hacerme el interesante.-…a mi ayudante… si podría contárselos-.
-¿Y ese puesto esta vacante?-. Nos detuvimos en medio de la acera.
-Por desgracia… si, esta vacante… ¿quieres ese puesto tan arriesgado?-. Entonces vi aquella primera sonrisa. Aquel mismo matiz travieso que me enamoró aquella noche en el circuito.
-Si, pero sólo si tú eres mi mago-. Y nuestros labios volvieron a encontrarse. Tan dulces como los que recordaba. Más apasionados que entonces.
El saxo aguardaba encajonado en un pequeño sitio. Su pintura lucia brillante al sol. Su pequeño tamaño y lo discreto de su fisonomía le hacía ideal para desplazarse por aquella inmensa ciudad.
Estábamos sentados, con aquella música mía tan peculiar manando de los altavoces. El motor ya ronroneaba a la espera de poder partir. Cuando su mano se posó sobre la mía. Su mirada era indescriptible. Mi corazón estaba desbocado al borde de la zona roja. Sentía el pulso en cada recodo de mi cuerpo. Y su voz, suave como siempre, quebró la música con aquel matiz juguetón.
-Bueno… he aceptado ser la ayudante del mago, ¿qué planes tienes para mi?-.
-Pufs… en primer lugar salir de este sitio tan apretado…-. Comprobé los retrovisores midiendo la escasa distancia tras los limites del coche. La precaria dirección asistida me permitía mover el volante con una mano, mientras la otra seguía presa de la suya. Pero estaba claro que nos llevaría varias maniobras salir de allí. -Después… no se, estoy entre llevarte a ver sitios curiosos de la ciudad o dar un paseo. ¿Qué te apetecería hacer?-. Ella se rio. Y valoró las dos posibles respuestas.
Tras cinco minutos de maniobras logré sacarlo y encarrilarnos por Méndez Álvaro. El coche se deslizaba suave y ligero. Sin llegar a detenernos en ningún semáforo. Todos en verde. Lo cual arañaba segundos al reloj, y uno de los secretos de mi rapidez en ciudad, y en circuito. Seis minutos más tarde estábamos junto a la puerta del garaje, cinco menos de lo que estimaba el gps. Después de bajar por la rampa y estacionar. Ella se quedó mirándome bajo la fría luz de los alógenos del techo.
-¿En qué piensas Elisa?-. Pregunté acariciándola la mejilla. Ella cogió mi mano y la retuvo.
-Creo.. que es la primera vez que subo en tu coche…-.
-Cierto… -. Mi voz era un susurro, no quería quebrar la magia de ese momento. –Te acuerdas en el circuito…-. Una lágrima por su mejilla, hizo que aquella frase quedase inconclusa. Y aquella luz que brillaba en sus ojos se eclipsó.
-Como iba a olvidarlo si me diste un susto de muerte…- También su voz quedó invadida por aquella tristeza. Solo diez minutos que marcaron aquella noche. Aquella imagen.
-No me refería a eso, sino… -. Entonces dejé en su mano un trozo de papel plegado. Estaba un poco amarillo y algo sucio por el tiempo. Aquella tristeza se disipó al reconocer su propia letra.
-¡Anda!… pero si es...-. Afirme con la cabeza y una media sonrisa. –Y todo este tiempo la llevabas en el parasol…-. Una sonrisa difícil de clasificar se fue implantando en su rostro.
-Era lo único que demostraba que aquella noche no fue un mero sueño… de que tú, eras real como todo lo que vivimos, y no solo un producto demasiado logrado de mi imaginación-.
Otra lágrima descendió por su mejilla, pero la intercepté antes de que recorriese más camino. Entonces de improviso ella se me echó encima. Me abrazó y nos fundimos en un beso. Pero no un beso corriente, sino de esos que te van dejando sin aliento. El tiempo se detuvo. Solo estábamos ella, yo y el pequeño habitáculo del saxo. Yo seguía amarrado por el cinturón con escaso margen de movimiento pero la abrace y llevé mis manos hasta su cintura. Un tiempo eterno en sensaciones pero corto en la realidad.  
Tras subir su maleta a casa, regresamos de nuevo a la calle, donde el sol aun permanecía radiante. Había muchos sitios que ver, y que la quería enseñar. Armados con el bono-metro caminamos juntos y poco a poco nos sumergimos en aquella sub ciudad para comenzar nuestro pequeño tour y las sorpresas que aguardaban.

Parte 15

5/5/13

The girl [En contacto , part 13]

Antes de llegar a la parada del trasbordo para llegar a la estación de buses, me había colocado los cascos y me había dejado inundar por aquellos compases orientales. Tres paradas más allá de fuente dorada, en plaza España. Bajé del autobús, tenía tiempo hasta que llegase el otro autobús asique me quedé mirando como aquel adorno central rotaba sobre sí mismo a gran velocidad. Cierto era que podría irme andando, la estación no quedaba lejos pero ya que existía la opción de hacer aquel trayecto, algo siniestro, gratis no iba a dejarlo pasar.
Recordaba a Arturo con ese pelo de tintes rojizos más corto, y con varias briznas de perilla estilo chivo en la barbilla. Era muy mono entonces pero ahora con el pelo algo más largo recogido en aquella coleta y esa nueva perilla bajo el labio… lo era más todavía. Y aquella mirada... seguía igual que cuando le vi por primera vez, sin duda fue lo que me impulsó hacia él, aquel matiz inocente que despunta con cada mirada.
El autobús estaba dando la vuelta asique dejé a aquella enorme bola del mundo dando vueltas y caminé lentamente hacia el poste de la parada. Una vez sentada en la parte de atrás del autobús me dedique a esperar escuchando mi música. Distraída miraba a los transeúntes cuando uno entre toda aquella gente me llamó la atención. Aquellos andares. Aquel peinado. La ropa elegante. Un escalofrio recorrio mi espalda al recordarlo. Pero antes de poder cerciorarme el bus arrancó en la dirección opuesta a la que él caminaba. Recorrimos lentamente las sinuosas calles de Valladolid hasta llegar a la estación. Descendí de aquel enorme bus gusano y me adentre en la dársena.
El sol había empezado a ocultarse al otro lado de los edificios y la temperatura caía con él. Aquella climatología acabaría conmigo, tan pronto te asfixiabas de calor como podías morir de frio. Dichosa ciudad. Las manos empezaban a entumecerse por aquel viento cortante que recorría la dársena de buses.
-{¿Cuánto más tardaría el bus?}- me preguntaba cada poco tiempo, aunque las canciones me ayudaban a contabilizar el tiempo. Sin querer, volví a pensar en Arturo. Estaba a mi lado, imaginé que me abrazaba en un intento por protegerme del viento. Casi pude sentir su mano sobre la mía.
-{Estaba loca de atar}- Sentí una curvatura en mis labios. Se ensanchaba lentamente. Y también me percate de un cálido rubor en mis mejillas. Me seguía preguntando por aquella sonrisa que esbozó antes de que el bus reanudase su marcha. – {Qué habría pensado, qué pretendía, que intenciones escondería tras aquella mirada inocentona}-. Entonces aquella mano imaginaria me instó a meter mis manos congeladas en los bolsillos de la cazadora.
Entonces, mi mano izquierda topó con una textura diferente al tacto habitual. Saqué aquel ente extraño de su escondite. Era una hoja doblada cuidadosamente con una precisión milimétrica. La desdoblé lentamente y comencé a leer las líneas que contenía con una letra diminuta pero legible.
 
“Ya te fugaste una vez sin dejar rastro alguno,
sólo aquellas sensaciones y recuerdos
propios de un fugaz y efímero sueño.
No cometeré dos veces el mismo error.
685 136 023.
Bss. Arturo.”
-{Arturo rodeado de aquel halo de misterio que te envolvía sin darte cuenta… pero cuándo…}- entonces aquella risita picarona cobró todo su sentido. No pude contener la risa que reverberó siniestra por toda la estación. Era increíble.
El autobús hizo su aparición a través de la reja de entrada y lentamente se fue encaminando al espacio que tenía reservado. Su velocidad decreció hasta dar con las ruedas en sus topes. La puerta se abrió y empezó a descender la poca gente que había en su interior. La escasa gente que había repartida por la estación se fue concentrando poco a poco alrededor de aquel autobús, a la espera de poder subir y guarecerse de aquel frio cortante. Yo seguía pensando en Arturo y en el hecho de que no lo vería al día siguiente, y probablemente en unos cuantos días. Aunque esta vez, al menos tenia su número de móvil.
Después de pagar el billete busqué un sitio oscuro en el cual poder concentrarme en mi música y algunos pensamientos arbitrarios durante el trayecto hasta mi casa. Me desplomé sin ganas en uno de los asientos de ventanilla y me abroché el cinturón.
El autobús comenzó a retroceder con aquel pitido agudo. Y entonces volví a verlo.. Estaba sentado en un banco, al otro lado de las puertas metálicas que separaban la zona de llegadas y salidas con la dársena de buses. -{¿Dimitri?}- Pero antes de poder cerciorarme bien, la posición del autobús imposibilito aquella respuesta. Partimos hacia la salida lentamente. Entonces volví a sentir el trocito de papel y anoté el número en la lista de contactos y entonces se me iluminaron los ojos.
-Esta vez no desapareceré-. Dije en un susurro para mi misma. Y de nuevo aquella sonrisa y ese palpito fuerte en mi pecho.

Empecé a tantear la pantalla del telefono, escuchando los "taks" que emitía con cada letra.   

24/4/13

The Girl [Fugaz, part 12]

Caminaba esquivando a la gente mientras mantenía la mirada fija en él. Su paso era demasiado rápido y me iba sacando distancia con cada paso que daba. Estaba saliendo del recinto, a punto de pasar por los arcos de seguridad, cuando yo todavía estaba cruzando el patio interior. Una parte de mi estaba enfadada conmigo misma, la otra desconcertada. Tanto tiempo pensando en él y cuando te habla cometes semejante patinazo, pensaba. Mis pasos eran cortos y rápidos. Cuando salí a la calle vi con horror como un coche partía velozmente. Su conductor hundió el pedal del acelerador logrando pasar el semáforo poco antes de la luz roja, desapareciendo tras la esquina de un edifico. Mi corazón se detuvo en aquel mismo instante. Los ojos se inundaron dejando escapar una pequeña lágrima.
 


Reanude mi paso en dirección a la parada de autobús. Ahora mismo no tenia ganas de nada y menos de salir. Todo aquello se esfumó como la vahada oscura del escape de aquel vehículo fugado. Ahora mismo era un conglomerado de sentimientos confrontados, quería llorar, reír, gritar, correr, hundirme en la negrura de aquel mundo a parte de mis recuerdos. Un sonido ronco y pesado pasó a mi lado destrozándome los oídos y los pensamientos. El autobús acababa de pasar a mi lado. Comencé a correr, aún estaba algo lejos de la parada y necesitaba llegar a casa cuanto antes. El conductor debió de verme por el retrovisor porque mantuvo las puertas abiertas hasta que logré alcanzarlo.
Mi respiración estaba entrecortada, no podía cubrir mi propia demanda de aire, el conductor me miró con una pequeña sonrisa. Desde luego la carrera fue intensa. Después de varios intentos logré picar mi tarjeta. Comencé a caminar tambaleante por el habitáculo, buscando un sitio apartado donde poder aislarme. No había dado tres pasos cuando me fijé en una sombra rojiza reflejada en el cristal. Estaba cabizbajo, con la mirada concentrada en un punto del suelo. Me acerqué a él con curiosidad. Muchas preguntas se me estrellaron de repente.
-{Ese chico… había estado jugando conmigo a ese juego de mesa.}- pensé – {Se parece tanto a él. ¿Cómo lo llamó la chica esa? No lo recuerdo. Pero Lidia dijo que era el que había tratado de hablarme antes de…}-.
-…era una posibilidad muy alta. Te has arriesgado mucho, era obvio que después de tanto tiempo tuviese novio. Debiste buscarla… tenias medios y conocimientos… pero por qué…- Murmuraba para sí concentrado en ese punto del suelo del bus.
-¿Arturo?- Pregunté aproximándome a él. Tenía la sensación de que fuese él pero no estaba segura. El chico cortó su monologo y levantó ligeramente la mirada. –Lo siento…-. Las palabras se me atrancaron en la garganta.
-No pasa nada, Elisa, era algo inevitable-. Su mirada seguía perdida.
-…esperándote… tanto tiempo…-. Estábamos frente a frente. -…tenía tantas ganas de verte.- Entonces levantó la mirada.
El bus frenó bruscamente. La inercia completó el recorrido restante hasta encontrarme con el tacto suave de sus labios. Aquellos dos monólogos inconexos dejaron de tener sentido. Fuimos engullidos por el silencio y la sorpresa. Eran tal y como los recordaba de aquel último beso antes de dormir aquella noche tan lejana. Entonces sentí como sus brazos envolvían mi espalda lentamente. Nos miramos en silencio un rato.
-En qué parada te bajas, Arturo- Continuaba abrazándome, como temiendo que me esfumase como el humo.
-En fuente dorada, ¿Tú a dónde vas?- su expresión irradiaba curiosidad.
-Yo me iba para la estación de buses para llegar a casa-. Su parada se aproximaba y no podía perderlo de nuevo.
-¿Eres de algún pueblo?-. Miró por la ventanilla para cerciorarse de dónde se encontraba.
-Vivo en Medina del campo.- Algo me decía que aquella pregunta no era tan inocente como aparentaba.
El autobús fue reduciendo la velocidad hasta detenerse en fuente dorada. Se acabó, ese fue el fin de nuestro fortuito encuentro.
-Está bien saberlo. Me despido, espero poder verte pronto. Elisa-. Me abrazó con fuerza y dejó un beso demasiado corto en mis labios antes de bajarse.

-Pero… pero…- tantas preguntas y un tiempo tan escaso. Pensé rápidamente en la pregunta que más información podría darme en el menor tiempo posible. -¿Te veré mañana?- dije antes de que las puertas se cerrasen de nuevo. Entonces vi como negaba con la cabeza. Y el matiz de su mirada corroboraba aquella afirmación. Pero antes de que el bus se volviese a poner en marcha puede reconocer aquella sonrisa traviesa con la que tantas veces había soñado.

:: Parte 13 ::

4/4/13

The Girl [Accidente, part 9]

Desperté sobresaltado. Sentía como algunas estelas caían por mi frente. Estaba atrapado por sus brazos. Una noche más. Ya se había convertido en una costumbre. Y no lo soportaba. Traté de zafarme de aquella jaula con el mayor de los sigilos, y a priori funciono. Camine en medio de aquella noche tratando de recordar aquello que me había sacado del sueño pero sin resultado. Las caricias del frio se hacían más perceptibles en aquellas partes ahogadas por el sudor. Al pasar por delante del reloj me fije que sus agujas oscuras marcaban aproximadamente las cuatro de la mañana. Recorrí los últimos metros antes de llegar al baño y me encerré en la ducha.
El caer del agua ardiente alivió un poco aquella sensación. El agua fluía llevándose consigo aquellos rastros pegajosos. Vaciaba mi mente de aquellas ideas que no eran necesarias en aquel momento. Una noche de verano. Coche extranjero de blanco satinado. Figurita demoniaca danzarina. Metro. Compañeras de piso. Chicas misteriosas. Sentimientos extraviados…
Salí de la ducha envuelto en una improvisada túnica. Me dirigí a la cocina y allí miré por la ventana al deshabitado paraje nocturno de la ciudad. Solo los haces de las farolas sobre el pavimento mojado. Y si te fijabas bien, podías distinguir las gotas de agua que cruzaban por los halos anaranjados.
De pronto, una estela intermitente atravesó la calle a una velocidad de vértigo. Solo se escuchaba el motor tras de sí. El Samur, nunca descansa pendiente veinticuatro horas de cualquier emergencia que pueda surgir. Desmayos. Accidentes domésticos. Atracos. Colisiones…
Entonces se encendió una luz. Recordé fugazmente el sueño. Una colisión, una fuerte colisión en medio de una recta. Tres coches en la noche, implicados en un choque por alcance. Un coche naranja perseguía veloz a un segundo, un compacto de color rojo metalizado. Quería cogerlo a toda costa. Pero el perseguidor no se percató del coche blanco al que su presa perseguía a su vez. El blanco y el rojo jugaban entre ellos. Las distancias eran mínimas, y al frenar de forma repentina el primero de todos… se produjo. Pillándome a mí en medio de los otros dos vehículos. El peor parado de todos.   
-Pequeñín, ¿estás bien?- Unos brazos volvieron a apresarme enlazándose por la cintura. Me atrajeron hacia su cuerpo que se aplasto con el mio. La voz mostraba preocupación en su tono.
-No, estoy bien Alicia- Mi voz era un susurro. Miraba su reflejo en el cristal. Aquel rostro delicado. Su melena despeinada. Y aquella calle vacía.
-Volvamos a la cama- Aquella frase quedo reforzada por un pequeño beso en el cuello. Entonces otro flas se apoderó de mi.
-Voy a prepararme un vaso de cola cao. ¿Te apetece uno?-. No quería regresar. Me alejé de la ventana y camine hacia la nevera.
-No, gracias. No tardes, ¿vale?- Sus manos deshicieron el nudo y partieron dejando una estela de caricias en su marcha. Escuche sus pasos alearse a la habitación.
Me vestí con lo primero que vi. Me daba igual el qué o el color, simplemente deseaba estar en la calle. Me llamaba. Tome el casco que estaba en el sillón y las llaves. Ansiaba la calle a cualquier precio. Salí a la terraza y me descolgué los dos pisos hasta llegar a la calle. De pequeño me dio por el parkour y cuando me castigaban solía salir de la misma forma. Y daba gracias por ello.
Caminé arrastrando la moto un par de manzanas y después me deslice bajo la lluvia lentamente. Concentrado en el ronco ronroneo de aquella bestia. Escuchaba mi voz una y otra vez repitiendo la misma frase.
-{Se ha terminado el cola cao y he ido a por un bote}-.


 Parte 10

21/2/13

"Volar-e", el eléctrico mas potente del mundo. "Made in Spain"

Vaya,  mirando las noticias desde el telefono en busca de noticias economicas para la clase de Luis Arribas  en la EII,  me he visto abordado por una noticia que no me esperaba. Y de seguir asi...  Creo que al final cambiare mi chevy chevelle por uno de estos.  Ademas...  Tiene unas buenas lineas.  Que maravilla.

Una multinacional española desarrolla coche eléctrico más potente del mundo - Expansion.com

4/4/12

X [part 3]

Tronabamos por las oscuras carreteras rumbo a casa. Absortos en los últimos acontecimientos. Superaba con creces la barrera de los doscientos cuarenta kilómetros por hora. Estaba invadido por aquellas sustancias que todavía duraban tras varios dias de lujuria desenfrenada. De pronto de la oscuridad surgió una nueva figura que se atravesó en mi trayectoria fugaz.  El sonido producido por aquel objeto contra el frontal del coche a más de doscientos por hora fue aterrador. Contemple con atroz horror como la chapa que se situaba delante de mí se plegaba como si de un acordeón se tratase. Sentí como la parte posterior despegaba y ganaba altura por la enorme energía cinética. Salí disparado contra la luna pero el cinturón de cuatro anclajes detuvo mi movimiento de forma brusca. Escuche como si algo dentro de mí estallase por la fuerza del impacto. Noté con nitidez cada vuelta de campana, vi como el interior del habitáculo se plegaba y deformaba sobre mí. Las lunas se hicieron añicos, sentí cada corte de esos diminutos proyectiles sobre mi cuerpo reventado. Quedé boca abajo viendo los regueros de aquel fluido rojo. Observé como las imágenes se iban emborronando y aquella oscuridad, aliada en un principio, se convirtió en mi peor enemiga. Fui  invadido por una sensación de frio, soledad, miedo. Presentía que mi final estaba próximo, sin ninguna razón comencé a reírme de forma entrecortada, ¿Quién imaginaba aquel final para mí?, aunque bueno… era evidente que algún día aquella velocidad sería mi punto y aparte. Con mucho esfuerzo escuche fuera de mi ataúd. Unos pasos se acercaban lentamente, y me pareció escuchar el eco que dejaban sus tacones. Pero nunca llegue a saberlo con certeza. Antes de que llegara yo había exhalado mi último aliento, y al contrario de la creencia yo… no tenía la boca abierta aunque si los ojos cerrados.

Aquel día, en una columna perdida de un diario local.

“…en el kilómetro 206 de una autovía había acontecido un aparatoso accidente, en el que una persona resultó fallecida a altas horas de la madrugada. Los equipos de emergencia encontraron en la escena un reguero de piezas y charcos de fluidos internos procedentes de un vehículo que salían  de la carretera a través de un agujero abierto en los separadores de hormigón. El vehículo, de color oscuro y sin logotipo alguno, quedó completamente desfigurado en el choque. Tras  cuatro horas de trabajo por parte de los equipos de emergencia dieron por imposible recuperar los restos mortales de su conductor. Se cree que fue debido por exceso de velocidad…”

[¿FIN?]